Luis Buñuel, ese genial cineasta que no dejaba indiferente a nadie, era del todo reacio a los festivales de cine, pero con el de Huelva hizo uno excepción  y, contra todo pronóstico, sobre todo entre los más incrédulos, hizo su aparición en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva en 1976, siendo éste el primero al que acudía, aunque luego asistiría a unos pocos más.

Ésta es una de las muchas anécdotas que se han desvelado en el transcurso de una mesa redonda sobre Buñuel como prolegómeno al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva que arrancó el pasado sábado, envuelto en una oleada de condenas por los atentados de París.

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Y es que en su 41 edición, el festival de Huelva ha querido rendir un homenaje a este genio de la escena nacido en la localidad turolense de Calanda y de nacionalidad mexicana, país en el que residió desde 1941 hasta su muerte en 1983.

Una mesa redonda sobre Buñuel y México; una extraordinaria exposición que recoge imágenes iconoclastas y provocadoras del cineasta, plasmadas a través de la mirada del fotógrafo argentino Antonio Gálvez; y un ciclo de cine titulado "Buñuel en México", con la proyección del documental de director del Centro Buñuel, Javier Espada, "Tras Nazarín", y las películas "Nazarín", "El gran calavera" y "La ilusión viaja en tranvía", son las propuestas incluidas en este festival, referente del cine iberoamericano. 

Es una forma de agradecer al director de cine la deferencia que tuvo con Huelva, pese a lo poco o nada amigo que era de los festivales. Claro, que toda la culpa la tuvo el fundador y ex director del Festival de Cine Iberoamericano, José Luis Ruiz, que no paró hasta conseguir tan complicada hazaña.

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Tirando de sus muchos y envidiables contactos, consiguió que Fernando Rey, actor asiduo de Buñuel, actuara de padrino de la operación. Así que, Buñuel vino al festival de Huelva y cuentan las crónicas que no se arrepintió de tan inusual decisión.

Para hablar de su cine y de su persona, han estado por Huelva los ya mencionados Antonio Gálvez y Javier Espada. Entre risas y lágrimas de emoción, pues ante todo fue un buen amigo del cineasta, Antonio Gálvez recuerda numerosas anécdotas, todas ellas llenas de humor, que consiguen desmontar la fama osca del "creador de imágenes", como así le define el fotógrafo. 

Hemos sabido que era "temido" por sus buñuelones. "Cogía un vaso y empezaba a mezclar cosas delante de ti, pero luego se iba a la cocina y remataba la faena. Yo no sé lo que tenía aquello, pero sé que si lo tomabas, mejor no fumar, porque podías explotar", ha recordado con una sonrisa Antonio Gálvez. "El cine de Buñuel es un descubrimiento constante y en sus imágenes se mezcla la realidad cotidiana con el delirio", ha matizado.

Su sonrisa, con sus dientes separados, cuenta, "era la imagen de un niño".

Javier Espada, paisano de Buñuel, incide en lo elaborado de su cine y en la importancia que le daba a los finales de sus películas. "En menos de dos minutos te cargas una película con un mal final, y eso lo sabía muy bien Buñuel", que optó por un final nada feliz en "Los olvidados", donde se adentra en la pobreza de los niños de México con un cine denuncia que casi le cuesta la expulsión del país. Pero valió la pena el riesgo. Nombrada Memoria del Mundo por la Unesco, la película obtuvo el premio al mejor director en el Festival de Cannes en 1950.