No fuimos pocos los que nos enamoramos de la literatura de Henning Mankell de la mano de Kurt Wallander, su personaje protagonista cínico, cansado y siempre con unos kilos de más. En realidad, tiene sobrepeso. La adoración a Wallander fue todo un fenómeno, la empatía con el policía era casi enfermiza. La luz encendida de la mesita y toda la noche en vela. Mankell volvió a reconciliar al ser humano con la novela negra.

Después de tanto thriller maníaco y televisivo, Mankell fue el que nos hizo volver a Raymond Chandler, a Patricia Highsmith, a Truman Capote, incluso al siempre moderno Edgar Allan Poe.

Henning Mankell era todos estos autores, con un detalle, era todo esto pero con el tono frío, de neblina y grisácea y vaporosa que podemos esperar de una novela negra y nórdica. Escribió para Cine, Teatro y televisión.

Acabó casándose con la hija de Ingmar Bergman. Esto no es casualidad. La constante Bergman en los países del norte ha sido casi una cuestión de fe durante décadas y la literatura de Mankell no anda muy lejos de la firma del director sueco. Es un discurso que habla desde el alma a un individuo perdido, extraño, vacío e inmerso en un duelo constante.

Los autores de novela negra, los buenos y los malos, pero no los mediocres, no solo son novelistas, se convierten en los críticos más feroces de la sociedad contemporánea.

Ya pasó con el Philippe Marlowe de Chandler, no tenía un ápice de piedad pero su sentimentalismo torpe y su intrínseco ridículo lo convierten en una clara influencia de Kurt Wallander. Con la diferencia de que la época de Marlowe será mucho más elegante que la sociedad rancia y estática que ofrece un país nórdico de la Europa actual.

Son doce las novelas protagonizadas por Kurt Wallander con las que Mankell consiguió vender más de 40 millones de ejemplares en todo el mundo.

A principios del año pasado, el escritor había anunciado que padecía de cáncer y Arenas movedizas será el fruto de sus experiencias ante la vida y la muerte. Un título que recoge el infierno que pasó al saber de su enfermedad. Pero no se equivoquen, no estamos ante un libro de autoayuda. No estamos ante El alquimista. Henning Mankell no pretende filosofar, lo de Mankell es relato sombrío para burlar lo inevitable, para reconciliar al ser humano con la fe.

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