Qué bonito es que se discuta acerca de una película. Más que por el hecho de que ambos lados traten de imponer su postura, como toda la vida ha ocurrido cuando se exponen opiniones opuestas, es una gozada porque tal cosa indica que la cinta en cuestión se está viendo, algo que no pasa muy a menudo, y cada vez menos en estos tiempos en que las series se imponen a los largometrajes, se vean en la sala o en casa, bajadas de Internet.

El último ejemplo le ha tocado al Cine español. A veces es posible, sobre todo cuando llegan a la cartelera los directores más esperados, tales como Álex de la Iglesia, que en breve nos presenta Mi gran noche, Pedro Almodóvar, de quien veremos su Silencio a partir del próximo 18 de marzo, o de Alejandro Amenábar, del que ya tenemos su nuevo trabajo en cartel. 

Las cifras de Regresión en su primer fin de semana están siendo asombrosas: en solo dos días lleva recaudado 1´8 millones de euros, según Rentrak Spain, nada mal para un film de terror en fechas aún lejanas a Halloween y en un país que poco a poco va quedándose sin salas en las que proyectar películas. 

Lo malo es que la recepción no está siendo buena.

En Estados Unidos el éxito aseguraría una segunda parte, incluso una saga, aunque la película no gustara, caso de Prometheus, de Ridley Scott, pero en España, aunque la cinta sea una coproducción, simplemente se celebra el dato, pocos títulos tienen más continuidad.

Y es una pena que la sexta película de Alejandro esté defraudando de esa manera. Hay quien la defiende, no es tan difícil, se trata de un ejercicio mayúsculo de investigación policial que tal vez no camine por la senda que se esperaba.

¿Pero qué se había esperado? ¿Un relato de terror? En realidad se la ha calificado como thriller psicológico, y eso terror no es, pero el miedo es muy subjetivo, lo que a uno asusta a otro puede darle igual, y la atmósfera inquietante sí está continuamente presente. ¿Una narración satánica, como promete el cartel? También la encontramos. ¿Una explicación distinta? La que la cinta ofrece es perfectamente válida, aunque no fuera lo que inicialmente esperásemos escuchar.

Otra de las grandezas que tiene la película es el personaje de su protagonista, Ethan Hawke, un hombre que atraviesa por una experiencia enriquecedora para un actor, ya que comienza su peripecia en un extremo muy profesional y que precisamente por ello se ve abocado a atravesar un túnel en el que o se pierde o sale de él con fuerzas renovadas.

Amenábar ha tardado mucho en volver, tras otro trabajo que batió récords de taquilla pero que tampoco satisfizo precisamente a la audiencia: Ágora.

Pese a todo, el español sabe bien lo que hace, sigue las directrices del género pero bordea sus límites para no ser uno más dentro de él. Así entretiene y aunque no convenza a todos al menos no aburre. Y a aquellos a los que nos convence admiramos que no haga la película que de él se espera, sino otra... que puede gustar o no. Ahí está el debate.

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