Hace más de un año los hermanos Coen estrenaban A propósito de Llewyn Davis, el maravilloso retrato de un músico perdedor con muchísimo talento pero con escasa garra, al que nadie, durante la semana en que transcurría el tiempo de la película, quería aventurarse a producir y llevarlo al éxito que merecía. Todo en aquella cinta era prodigioso: la fotografía, la música, sus intérpretes con Oscar Isaaac y un escurridizo gato a la cabeza, incluso el ritmo de la misma, con ese folk pausado que Davis imprime en sus canciones, todo era digno de los aplausos que tampoco la película obtuvo. Los perdedores no suelen tener éxito en taquilla cuando toman el lugar de los buenos en vez de tratarse de los malos.

Después de ese fracaso, los Coen parecieron evaporarse.

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Desde 2013 no se habían vuelto a poner detrás de las cámaras, y pese a todo, sus fans, que son muchos, querían de ellos algo más que su labor como productores ejecutivos en la serie Fargo, nacida a raíz de su mítica película con Frances McDormand. Porque Joel y Ethan Coen, con la irregularidad natural que da el arte, bajo cuyo techo hasta el mejor de los directores cuenta con títulos olvidables, siempre, desde sus inicios con Sangre fácil, han sido dos cineastas admirables.

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Así que, como todo el que sabe caer y volver a levantarse, se pusieron en marcha y empezaron a golpear las teclas. Y escribieron y escribieron y les salió Hail, Caesar! (aquí se titulará ¡Ave, César!), una visión irónica, irreverente incluso, del Hollywood de la década de los 50, con George Clooney como la mayor estrella del momento, Scarlett Johansson a modo de sirena cinematográfica y femme fatale cuando toca, o Ralph Fiennes en el papel del director de la cinta que en la película se rueda.

Hasta el 19 de febrero del año que viene no podremos verla, y ya se está haciendo largo porque las pocas imágenes vistas prometen demasiado. Pero antes de que llegue esta, otra se le adelanta: El puente de los espías, de Steven Spielberg, con Tom Hanks como protagonista.

Solo esos dos nombres ya animan a cualquiera a acercarse al Cine donde la proyecten, pero si además añadimos que los hermanos Coen firman, junto a Matt Charman, la historia de un abogado atrapado en una misión imposible en plena Guerra Fría, cuesta creer que tanto Joel como Ethan no vuelvan a verse aupados a hombros de una industria que, en realidad, nunca les dio la espalda, solo les rebajó la fuerza del abrazo.

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