¡Führer mándanos, nosotras te seguiremos!

El nazismo no fue solo un movimiento de hombres. La mujer desempeñó un papel fundamental en el auge de este movimiento político y sobre todo social, que tuvo como consecuencia la guerra más sangrienta del siglo XX.

Hitler, como hombre experto en el arte de la oratoria y en los dotes escénicos, sabía como llegar a sus seguidores, y sobre todo seguidoras. El profesor David Solar afirma que durante las elecciones presidenciales de 1932 llegó incluso a prometer que sí ganaba proporcionaría marido a todas las mujeres alemanas. Su único objetivo era obtener más votos y ayuda económica mediante el apoyo de la mujer.

Ya en 1923 Hitler se había formado una idea de lo que significaría la mujer en las elecciones. Por ello le decía a Ernst Hanfstaengl “La multitud no es sólo como la mujer, sino que las mujeres constituyen el elemento más importante de un auditorio. Las mujeres toman la iniciativa”. Y Hitler ante esa verdad y tras haber alcanzado el poder, las elimina de la vida pública. Por tanto la mujer queda de nuevo relegada al ámbito más degradante de la sociedad. Su función se resume en kínder, kuche y kirche (hijos, cocina e iglesia).

Por otro lado, el apoyo de la mujer de la alta sociedad fue también de una gran ayuda social, económica y política para Hitler a la hora de diseñar sus campañas electorales, especialmente las de 1932.

La aristocracia le ayudó a aumentar las arcas de su partido con valiosísimas donaciones. En palabras del periodista David Solar "las mujeres de la alta aristocracia comenzaron a considerarle un personaje necesario para poner Alemania nuevamente en marcha tras la crisis que asolaba a Europa".

Lo que la mujer supuso en el pensamiento de Hitler sigue siendo a día de hoy, objeto de estudio.

Decía Hitler en un ocasión que “no hay peor calamidad que observar a la mujer en la lucha por sus ideas”. En su famoso libro Mein Kampf escrito durante su reclusión en la prisión de Ländsberg, Hitler matiza cómo debe ser la mujer alemana. Deja de ser ciudadana para pasar a ser súbdito del nuevo régimen.

En cuanto a la participación femenina en las elecciones de 1932, no se sabe a ciencia cierta el porcentaje exacto que concurrió a las mismas, pero teniendo en cuenta que había 2 millones más de mujeres que de hombres, el formidable apoyo femenino que tuvo Hitler durante estas elecciones queda reflejado en la afirmación del periodista David Solar, deque la mujer alemana de aquella época constituyó un activo fundamental para que el partido nazi ganase la elecciones desde que Hitler llega al poder.

Su apoyo al Führer se puede comprobar en los millones de cartas que recibe por parte de todas aquellas fanáticas mujeres que veían a Hitler como el futuro salvador de Alemania. Las cartas constituyen un elemento imprescindible para comprender de primera mano los pensamientos de los ciudadanos del Reich.

En el prólogo del libro “Cartas a Hitler” podemos apreciar el entusiasmo y si lo queremos expresar así, obsesión, de la sociedad alemana respecto al Führer.

El historiador francés Fabrice D’Almeida explica además que las condiciones para el triunfo de Hitler se habían propiciado, claro está, con la Gran Depresión de por medio. En los salones de Múnich, Hitler supo aprovechar sus cualidades hipnóticas para captar mujeres de la alta sociedad. Dentro de este mundo destacan algunas personalidades que hicieron posible la difusión del nacionalsocialismo. La primera fue Magda Goebbels, apodada como la Primera Dama del Reich. Heike Görtmaker, famosa historiadora, afirma que entre 1925 y 1932 las mujeres solo representaban el 7,8% de las nuevas afiliaciones.

Hitler, experto en psicología femenina, supo manejar la importancia del atractivo que el mundo femenino representaba para fomentar unas simpatías que de otra forma le hubiese sido imposible conseguir.

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