Estamos tan acostumbrados a que el Cine negro tenga lugar en las calles de Los Ángeles, San Francisco o cualquier otra ciudad de Estados Unidos que a veces olvidamos que en España también se resuelven casos con idéntica soltura. La caja 507, No habrá paz para los malvados, La isla mínima o La noche de los girasoles, son ejemplos recientes de un género que nuestro país trata con la seriedad que lo caracteriza en otros.

Precisamente Carmelo Gómez, protagonista del último título citado, lo es también del nuevo que ahora se estrena: La playa de los ahogados. Basada en la segunda novela del vigués Domingo Villar, nos sitúa en un pueblecito de pescadores donde el miedo a hablar es mayor que el terror a la mar.

Un hombre aparece muerto, pero no es uno cualquiera, sino que fue tripulante de la embarcación que hace años naufragó y dejó tras de sí otro cuerpo inerte. Y tampoco aparece muerto de cualquier forma, sino con las manos atadas a la espalda. Tal detalle indica que lo ocurrido es todo menos un suicidio, y con semejante premisa el detective Leo Caldas y su ayudante, Rafael Estévez, comienzan a desentrañar un caso que se tornará más complicado de lo que preveían.

Sospechosos aquí y allá, tramas que se despliegan para dar consistencia al relato, y un emplazamiento tan bello como inquietante son los componentes de un film que se ve con pasión, siguiendo atentamente cada pista, cada avance en la investigación, sostenida con la fluidez de una narrativa que tampoco olvida el tiempo que el buen cine ha de dedicarle a la profundidad de los detalles.

En medio de todo, Carmelo Gómez, tan sensacional como suele, Antonio Garrido, ayudante y estupendo compañero, y atención, una vez más, a ese actor tan sublime que es Luis Zahera: gallego, casi siempre secundario, incluso episódico, como en Celda 211, en la que a pesar de sus escasos minutos en la pantalla resulta imposible que pase desapercibido.

Es de esos profesionales que aparecen en escena y permanecen en el recuerdo. Sus miradas, sus gestos, su forma de andar, nada en su personaje es gratuito. Arias, que así se llama en esta ficción, está de enhorabuena en manos de Zahera.

Y también la ciudad de Vigo. Acabamos de ver La Coruña retratada en El desconocido y ahora le toca el turno a esta otra localidad del norte que Gerardo Herrero plasma con la calidez de un trabajo perfecto en el marco de una historia tan fría y oscura como el fondo del mar en que se enclava.

Pero que este dato no nos engañe, el conjunto es de una belleza cegadora. El género negro también puede ofrecer películas bonitas, éstas no son exclusividad de las cintas románticas o de algunos dramas sofisticados. French Connection, El Padrino, Prisioneros, Atraco perfecto, Los sobornados y tantos ejemplos sostienen esta idea que más que una teoría es una evidencia. La playa de los ahogados puede sumarse cuando quiera a esta lista de películas preciosas sin desentonar entre ellas, que el idioma es lo de menos, lo que importa es la calidad y el recuerdo que luego se tenga de ella.

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