El viernes 30 de octubre, el Tribunal de Cracovia (Polonia) debatía sobre la extradición del cineasta franco-polaco Roman Polanskia EE.UU. por su ya conocida acusación de abusos a una chica menor de edad en aquella época. La derecha ultraconservadora del país, del partido Derecho y Justicia, que acaba de ganar las elecciones, era furibundamente partidaria de dicha extradición.

Polanski ha confesado sentirse aliviado y haber sufrido. “Todo esto me ha costado muchos problemas para mi salud y mi familia.

(…) Yo vuelvo nuevamente a mi familia”, dijo en una conferencia de Prensa el cineasta, de 82 años y cuya infancia relató indirectamente en su película “El pianista”, basada en la terrible odisea de un pianista polaco de raza judía que sobrevivió en Cracovia a la barbarie nazi, como el propio Polanski.

Jaroslaw Kaczynski, conocido como uno de los hermanos gemelos que escandalizaron a Europa por su ultraconservadurismo llevado al ridículo, con la surrealista teoría de que los Teletubbies fomentaban la homosexualidad (!), se consideraba frontalmente en contra “de indultar a alguien sólo por ser un director de Cine importante y mundialmente conocido”.

Otro miembro del partido dijo: “No podemos proteger a nadie contra su responsabilidad por un acto tan odioso como haber abusado de una menor.

La pedofilia es un mal que hay que perseguir”. No obstante, todos conocen que este partido político es fuertemente antijudío, por lo que sus ataques contra Polanski podrían tener un componente más racista que moral, igual que los nazis alemanes, en la década de 1930, utilizaron al actor Peter Lorre, con su personaje de asesino de niñas en “M, el vampiro de Düsseldorf” y judío, como queriendo demostrar que todos los judíos eran así.

Ya conocemos lo que pasó con Polanski y cómo hace cinco años estuvo detenido en Suiza, con arresto domiciliario durante varios meses, cuando llegó al país alpino para recibir un homenaje en un festival de cine. La Justicia de EE.UU., al enterarse, automáticamente pidió la extradición y fue detenido.

El Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, también con sangre judía, puso en movimiento inmediatamente a sus hombres para liberar a Polanski,y casi toda Francia se movilizó en favor del cineasta, diciendo de todo a los americanos.

Poco después, cuando el Festival de Cannes, el filósofo Bernard-Henri Lévy, también judío, redactó un manifiesto a favor de su liberación, que fue firmado por muchos cineastas, desde Woody Allen a Wong-Kar-Wai.

No obstante, el actor Michael Douglas, pese a su origen judío, se negó a firmarlo, lo que motivó la ira de Lévy, calificando de “miserable” al actor, hijo de Kirk Douglas (apellido auténtico, Danielovitch, de origen ruso judío). Poco después, como si recibiera una especie de "castigo divino" por su acción, Michael Douglas dijo que sufría cáncer, del cual afortunadamente ya está recuperado.

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