No ha habido demasiada sorpresa en las inmediaciones de la Academia sueca. Svetlana Alexievich encabezaba las principales apuestas para ser galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2015. Y así, a las 13.00 horas (horario español), se ha confirmado la sospecha.

De nada ha servido que Haruki Murakami volviese a sonar, como cada edición, con fuerza para alzarse con ese reconocimiento que tanto se le resiste. Ni tampoco han tenido peso las voces que auguraban que los estadounidenses Philip Roth y Joyce Carol Oates podrían dar la sorpresa este año. La periodista y escritora bielorrusa se llevó la distinción porque, según se leyó en el comunicado oficial, "su obra polifónica es un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo".

La bibliografía de Alexievich concentra un amplio tratamiento de la realidad concernientea aquellos hombres y mujeres que conformabanla sociedad de la antigua URSS, a quienes tomó como fuente de información directa para componer posteriormente sus narraciones. Su carácter periodístico le fue de gran valía para conformar sus obras, haciendo un uso fundamental de la documentación reunida, principalmente mediante el método de la entrevista.

La técnica de esta escritora poco reconocida en Europa (síntoma que puede cambiar a raíz de una de las mayores distinciones en el ámbito de la literatura), conjuga diferentes estilos, apostando por la innovación al acunarun nuevo género de escritura que ella misma denominó "novela colectiva" o "novela-oratorio".

Al parecer, su desafío literario, que conjuga periodismo con la más pura narrativa, le ha valido finalmente el aplauso de la crítica.

De su obra destaca uno de sus primeros trabajos, La guerra no tiene rostro femenino (1983), donde trata la situación de las mujeres rusas que tomaron parte en la II Guerra Mundial.

También está Los chicos del cinc (1989), en la que aborda la guerra en Afganistán. Su novela más reciente es El Tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo, que en un primer momento fue publicada únicamente en alemán y en ruso.

Ahora que su nombre formará parte de el entorno más mediático, es de suponer que la obra de Alexievich sufrirá un impulso que la haga llegar a un público más amplio y heterogéneo.

Algo de lo que, por ejemplo, el sempiterno candidato Murakami no se ve necesitado.

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