Es una de las actrices más queridas de Hollywood porque se lo ha ganado. No creo que haya nadie a quien no le guste Kate Winslet. Por una película u otra de su amplia filmografía debería tener los fans a pares, y seguro que todos ellos pueden citar varios títulos que adoren de ella, aunque Titanic no se encuentre en esa lista de ejemplos. porque desde su estreno, hace ya más de quince años, ha ido perdiendo admiradores a cada proyección de su hundimiento.

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Es inexplicable que el apoyo masivo a los 11 Oscar que ganó la película no siga vigente cuando se emite por televisiones o sale en conversaciones por el motivo que sea, pero lo que está claro es que el fenómeno que entonces fue se ha ido apagando y de él queda poco más que el recuerdo. Y su empate a premios de la Academia con el Ben-Hur de William Wyler.

La protagonista de aquella hazaña en la taquilla, firmada por James Cameron, cumple ahora 40 años.

Tak vez esa edad pueda llamar la atención al verla, porque Winslet es enemiga de la cirugía estética, de la real, la médica, y de la ficticia, la que realiza el pincel del photoshop. De hecho, la británica ha asegurado más de una vez que pondría en aprietos a toda aquella publicación que decidiera, sin su consentimiento, hacerle el más mínimo retoque en las fotos. Y ese consentimiento no tiene pensado darlo.

Actitud que le honra en un Hollywood en el que ya eres vieja casi en el momento de nacer, y donde parece importar más la belleza que el talento de sus actrices.

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Pero Kate sabe lo que vale, lo viene demostrando desde que saltó a la fama de manos de Peter Jackson en Criaturas celestiales, Ha sido candidata al Oscar en cinco ocasiones y aunque no lo obtuvo por su mejor interpretación, El lector, sí merece tener en su casa una de las estatuillas que la Academia a veces se empeña en no conceder.

Sentido y sensibilidad, ¡Olvídate de mí! o Juegos secretos fueron otras de las oportunidades que Winslet tuvo y perdió, pero por Quills, La vida de David Gale o Descubriendo Nunca Jamás también debería haber optado al premio.

O por Revolutionary Road, su segundo encuentro con Leonardo DiCaprio, que poco tenía que ver con aquel en el que fueron Jack y Rose. Dirigidos en esta ocasión por Sam Mendes, marido de la actriz por unos años, Kate realizaba un trabajo tan soberbio que cuesta creer que una intérprete fuera capaz de semejante prodigio. 

La maravillosa mini serie Mildred Pierce, por la que ganó uno de los tres Globos de Oro que tiene, Un dios salvaje, que la puso a las órdenes de Roman Polanski en una interpretación entre la contención y el exceso, o su escasa intervención en la sublime Contagio, en la que ningún actor destacaba por encima de los demás porque todos eran igual de importantes, apuntalan una excelente carrera que en breve escalará un peldaño más, cuando veamos Jobs, la vida de Steve, el padre del iPhone, que tiene pinta de ser una de las favoritas a los Oscar 2016. 

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