Contemplar una película bellísima sobre algo tan horrible como el cáncer de mama no es lo que uno imagina que sucederá cuando se publica la noticia de que se empieza a rodar la cinta que supone la vuelta a los platós de Julio Medem tras Habitación en Roma, hace ya cinco años, y de Penélope Cruz a los papeles protagonistas en el cine de la cinematografía que la vio nacer, ya que previamente a su pequeña aparición en Los amantes pasajeros, la última ocasión en que fue la estrella de un reparto en España se dio en Los abrazos rotos, también de su amigo Pedro Almodóvar.

Pero Medem, autor complejo cuyas películas están llenas de simbolismos y de una poesía que contrasta con la prosa que nos envuelve en la mayoría de los estrenos que llegan a las carteleras, no podía defraudar.

Y no lo ha hecho.

Magda, el personaje que borda una sensacional Penélope Cruz, es una mujer muy fuerte. Se rompe cuando roza los límites, cuando todo es ya demasiado, pero se recompone para seguir luchando, porque la vida lo merece. Qué bonito es ese plano en el que su reflejo en el espejo le da ánimos a la enferma real que se mira en él.

Todo en Ma Ma es corazón, literalmente, como lo fue en aquella habitación romana en la que asistimos al flechazo más carnal que se haya visto en una pantalla. Por eso Ma Ma es también amor y alegría. El drama rodea a sus personajes pero la luz de la esperanza no los abandona.

Medem cuida cada instante, cada trama, las trata con el mimo con el que se sostienen las obras de arte sin olvidarse ni un momento de entretener, porque el Cine también es eso.

Y lo logra contando una historia que te va atrapando sin remedio hasta caer rendido a la evidencia de que lo que acontece en la pantalla es un espectáculo más eficaz que el que ofrecen muchos efectos visuales.

Y es que asistir al avance del guión es una experiencia portentosa para el espectador.Alegorías, metáforas y diálogos que aparentemente no encajan en el concepto de drama que tenemos adquieren la dimensión que necesitan cuando vamos juntando las piezas del puzzle.Es entonces cuando nos damos cuenta del valor de Julio Medem al frente de un proyecto arriesgado que ha requerido de un enorme esfuerzo para nacer pero que llega al mundo con la contundencia de los bebés superdotados.

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