21 de septiembre. En pleno proceso de dejar atrás el verano, y entregarnos por completo a la idea de un frío y nublado otoño. Aún así, Madrid amanece envuelto por un cálido manto. Se trata de un día especial, pese a ser lunes. Un día de celebraciones, de cumpleaños. Un día perfecto para rendir tributo al Cine.

 Es la fiesta de Ethan. Un tipo peculiar. Un experto en crear escenarios, y más aún en hilar tramas ataviadas de suspense.

Un genio en plagar este mundo de personajes únicos. Aptitudes y logros que comparte con su hermano, Joel, la otra mitad de un ingenioso dúo creador de personajes únicos. Juntos conforman la figura de un perfecto director de cine.

Anochece. Y me dispongo a coger el coche para acudir a dicha cita. Ethan cumple 58 años bien llevados. Aún así sigue siendo el pequeño de los hermanos ya que Joel le lleva la delantera con 61 primaveras.

Llego al restaurante donde se va a llevar a cabo todo. Pese a haber nacido en Minnesota, ambos han decidido reunir a sus amigos alrededor de una mesa en la capital de España.

Llego aliviado, ya que no soy ni el último ni el más impuntual. Los demás invitados, todos fieles al trabajo que en su día realizaron para los dos hermanos, han decidido homenajear a Ethan, y por consiguiente a Joel, portando a la fiesta aquellas personalidades, papeles y personajes que en su día encarnaron bajo la dirección de los anfitriones.

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Televisión

 Con un hermano liderando cada extremo. Frente a mí veo a Nicholas Cage, algo más elegante que como se mostraba en Arizona Baby. A su lado está Gabriel Byrne, que ha decidido desempolvar aquella gélida e insólita mirada que lució en Muerte entre las flores. Un porte que no llega a intimidar a la intensa Frances McDormand, que a la vez conversa con sus otros compañeros de reparto que protagonizaron Fargo: un calmado William H. Macy, un nervioso Steve Buscemi discutiendo con Peter Stormare.

 Me ha tocado sentarme junto a Javier Bardem.

Supongo que por el hecho de ser ambos españoles. Javier impresiona un poco, más bien "acojona", con ese insólito peinado. Ese look que lució en No es país para viejos. Por lo menos hoy no ha venido ni armado ni con ganas de sangre. O eso creo.

La tensión que me provoca este personaje debo compensarla charlando con John Malkovich, que me cuenta como tuvo que soportar los trastornados papeles que encarnaron tanto Brad Pitt como George Clooney en Quemar después de leer

Se trata de una mesa impresionante.

Cada integrante más increíble e intimidante que el anterior. Entre todos ellos yo, una figura insignificante en tal contexto, comprometido con la idea de documentar tal reencuentro.

La mayoría de ellos se muestran radiantes. Algunos nostálgicos, con ganas de encarnar un nuevo papel diseñado por Ethan ó Joel. Y todos a la vez impacientes, ya que falta un invitado. Ninguno se alarma ante su ausencia, más bien se cachondean de su impuntualidad.

Incluso comentan entre risas: “¿Que esperabais?. Es El Nota. Siempre llega tarde”. Pero nada más nombrarle, la susodicha figura hace su entrada en escena. Ahí se encontraba Jeff Bridges, presumiendo de melena y ataviado con su clásico uniforme: bata y gafas de sol. Y cómo no, con la primera copa de ruso blanco entre sus mano. Por algo le conocemos como El Gran Lebowski.

Dicha aparición da rienda suelta a la cena. Un encuentro familiar, pese a la magnitud de las personalidades que lo conforman. Una velada plagada de anécdotas, secretos e historias de rodaje. Informaciones que se me prohíbe contar bajo las amenazadoras miradas de Bardem y Malkovich. Una cena para la historia. Un homenaje a dos directores legendarios. Felicidades Ethan. ¡Y larga vida a los Hermanos Coen!.

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