Cada año por estas fechas la Academia del cine español elige una película que viajará a los Oscar para representar a nuestro país de cara a la gala que siempre se celebra en el primer trimestre del año que sigue a la elección, normalmente a finales del mes de febrero. Ya son unas cuantas nacionalidades las que han proclamado a su candidata, pero entre otras faltaba España, que tenía tres títulos preseleccionados, pero había que quedarse con uno. 

Felices 140, de Gracia Querejeta, la historia de un cumpleaños en el que un boleto de lotería premiado con la cantidad indicada desata acontecimientos inesperados para todos los invitados, Magical girl, de Carlos Vermut, un puzzle dramático con una niña enferma de leucemia en el centro de unos personajes al límite y Loreak, en la que el destino de tres mujeres vascas se va a ir cruzando a lo largo del tiempo, eran las tres contendientes.

Y ya sabemos que será esta última la que intente renovar el triunfo obtenido por Mar adentro, hace ya diez años.

Si España conseguirá o no pasar el corte y quedar entre las finalistas, después la nominación y posteriormente el premio, ya lo iremos sabiendo, pero lo cierto es que llevamos una candidata muy potente que nada tiene que envidiarle no ya a otras que se encuentran en la carrera, sino a ganadoras previas que lo merecieron e hicieron historia.

La cinta, rodada íntegramente en vasco, una de las lenguas oficiales del país que la envía, cumple las normas sin pegas, y el hecho de que sea un drama íntimo, familiar, generacional incluso, favorece mucho que la Academia norteamericana se decante por ella.

Magical girl, la otra favorita, no era ninguna mala opción. Es enorme. Crece y va subiendo su puntuación en nuestra memoria como si fuera un globo aerostático, pero su alma de thriller mezclado con Cine negro, que es parte de lo que la hace grande, la deja en una dura competición con la cinta argentina, El clan, de Pablo Trapero, y que vayan a nominar dos películas hispanas del mismo género se antoja complicado, por mucho que tal vez nosotros tuviéramos ventaja porque el año pasado Relatos salvajes fuera una de las mejor situadas. 

Pero cada año es distinto y aunque deba ganar el cine por encima de la estadística no siempre lo hace, por lo que la decisión de la Academia española se antoja sabia.

Un drama, como el último que se hizo con el Oscar, Ida, la cinta polaca sobre la II Guerra Mundial, y como muchos otros dramas que lo ganaron previamente, porque aunque alguna vez se salgan del guion establecido, es lo que a Hollywood le gusta premiar. Así que le mandamos uno, y es precioso. Tiene que gustarles, no cabe otra.

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