Se ha llevado cientos de veces al Cine, a la televisión, al teatro e incluso al cómic. Las versiones más recientes de Sherlock Holmes han sido la de Guy Ritchie convirtiéndolo, basándose en una novela gráfica que lo retomaba, en un cruce entre Steven Seagal y el Bruce Willis de “La jungla de cristal”, o la de José Luis Garci, trasladándolo en “Holmes & Watson, Madrid Days” a la España de finales del siglo XIX, usándolo como excusa para mostrar una visión diferente del país, visto por dos señores de fuera, cultos e inteligentes.

Pero hasta ahora, casi ninguna adaptación mostraba a Holmes en su retiro en el campo, lejos de sus días de gloria, lejos de su inseparable Doctor John Watson, su cronista, al cual acusaba de exagerar sus logros al resolver cada caso.

Y eso es lo que más sorprende de “Mr. Holmes”: la ausencia total de Watson, sólo nombrado de pasada cientos de veces.

Holmes (Ian McKellen,“El señor de los anillos”) vive en una casa de Sussex, a sus 93 años, recién vuelto de un largo viaje al Japón. Se dedica a la Apicultura, y le sorprende la muerte de muchas abejas, y deduce que es por la cercana presencia de un nido de avispas.

La casa la llevan la viuda señora Munro (Laura Linney, “Con C mayúscula”) y su hijo Roger (Milo Parker). El niño verá con curiosidad a Holmes y el mito que le rodea. El detective, ya en decadencia y con fallos de memoria, intenta recordar su último caso antes de su retirada, en 1912. En “flash-backs” repartidos por todo el metraje, veremos cómo acabó aquello y cómo provocó indirectamente una tragedia, lo que le traumatizó e incluso deterioró sus relaciones con Watson, el cual ya se había casado y abandonado el famoso piso de Baker Street.

También se mezclará en la trama la visita al Japón de Holmes, encontrándose con el hijo de un diplomático japonés en Londres, desaparecido misteriosamente. La película está narrada sin sobresaltos, dejándonos llevar por el interés por saber qué pasó con tal personaje o tal caso, sin ninguna escena de pelea, persecución o nada de eso.

Simplemente lo vemos todo a través de Ian McKellen y su excelente actuación. Él es el centro de la pantalla, los demás quedan en segundo plano, sólo el niño Roger parece tener cierta entidad.

El director es el americano Bill Condon, ya conocido por “Dioses y monstruos” (donde también trabajó con Ian McKellen) o las dos partes de “Crepúsculo”, que hace una dirección eficaz, sin innovar demasiado, pero que sabe mantener el interés de la trama y sin descuidar el carisma del personaje y del propio McKellen.

Se basa la película en una novela apócrifa sobre Holmes, es decir, no escrita por su creador, ArthurConan Doyle, fallecido en 1930. Toma partes de relatos de Doyle para darle sentido a la presencia del detective en su retiro, en la Inglaterra de 1947, nada que ver con la Inglaterra victoriana de su mejor época. La ambientación, como es habitual en el cine británico, muy lograda.

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