Escuchar carcajadas en una sala de Cine. ¡Qué cosa más bonita! La comedia, ese género tan agradecido al que no hay espectador que le ponga pegas, ese género que siempre apetece ver porque reírse es un placer y compartir las risas con los demás, otro aún mayor, la comedia, reitero, está de enhorabuena: llega a nuestras carteleras Anacleto: Agente secreto, adaptación de las viñetas de Vázquez a la continuidad de los fotogramas que llegan a componer una película.

Enhorabuena porque noes fácil trabajar con el humor, lograr que alcance un nivel elevado, volando por encima de la grosería y llegando a la meta de hacer pasar un buen rato sin complejos, sin insuflar esa culpabilidad que viene de la mano de gozar algo que se sabe malo, que abochorna aunque divierta.

No es, ni mucho menos, el caso de Anacleto. Cabeza alta, pistolas en alto, agente secreto e hijo dando un salto desde lo más alto. Todo ello, literalmente. Porque además de de risas, la cinta está plagada de acción, estupendamente bien rodada, con planos en los que se ve lo que ocurre y con los que el espectador no se marea. Tal circunstancia, admitámoslo, no se da muy a menudo.

Otro punto a su favor son los actores. Ver de nuevo a Imanol Arias como protagonista en la gran pantalla,tras su paso secundario porla espléndida Murieron por encima de sus posibilidades, le da una fuerza abrumadora y una enorme clase a esta producción. A él se le unen un sensacional Quim Gutiérrez, una descomunal Alexandra Jiménez, un divertidísimo Berto Romero, un Carlos Areces en un particular y muy interesante cambio de registro, y una desternillante Rossy de Palma.

Anacleto: Agente secreto tiene alma de clásico, pero es que Javier Ruiz Caldera se está labrando una filmografía repleta de aciertos, con Spanish movie, Promoción fantasma y Tres bodas de más, trío de ases en la taquilla española.

Una de las consecuencias del menosprecio que suele sufrir la comedia en el cuestionado mundo de los premios es la habitual ausencia de sus directores entre los galardonados, como si sus intérpretes, cuyo reconocimiento es siempre mayor, hicieran sus trabajos solos.

Va siendo hora, por lo tanto, de aplaudir como se merece a ese superhéroe del cine patrio que es Ruiz Caldera, de agradecerle que siga manteniendo el género en la cúspide de lo que se espera de él.

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