Incluir el adjetivo "perfecto" en un título es algo bastante arriesgado. Por un lado porque sabemos que cada vez que se utiliza hemos de prepararnos para encontrarnos en la pantalla, argumentalmente hablando, justamente lo contrario. De no ser así poco sentido tendría enfrentarse a una historia sin conflictos. Por otro, el uso de dicho adjetivo da por hecho, antes de empezar la proyección, que lo que a continuación veremos, merecerá ese calificativo, y tanto si lo hace como si no, éste se verá involucrado en la decisión final del espectador.

Afortunadamente, Fernando León de Aranoa, en su vuelta al cine de ficción tras la fallida Amador, estrenada en 2010, hace suya la perfección a la que se refiere su nuevo trabajo y nos regala otro tesoro como el que se encontraba en cada fotograma de Los lunes al sol.

Pero si aquella obra maestra era un drama sin concesiones, esta que ahora se estrena, que pone el foco sobre unos cooperantes en los Balcanes en el año 1995, cuatro antes de que la guerra llegara a su fin, está llena del humor que ayuda a superar las mayores tragedias.

El cuerpo que aparece en el fondo de un pozo y contamina el agua de la zona es el detonante que servirá para ir conociendo a unos personajes con los que nos acabaremos encariñando por muy paranoicos que parezcan. Fernando introduce la cámara en sus rutinas y será ella la que nos muestre cómo se vive cuando reina el miedo y qué estrategias hay que seguir para combatirlo. Para intentar emerger del pozo en que cada uno está flotando.

Un día perfecto rebosa buen cine. Después de un inicio sobresaliente en el que los logos de quienes participan en la producción, televisiones incluidas, se diluyen en las gotas que nos sitúan en ese agujero de aguas inutilizadas, grandes actores, espléndidos diálogos e inolvidables secuencias como las del niño de la pelota se van sucediendo en un film en el que el alma de cuanto ocurre es tan importante como las circunstancias en que tienen lugar.

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El Cine español nos ofrece una película inédita en su repertorio, un ejemplo único de temática social, en ningún caso ajena a la carrera de su director, pero tampoco reiterativa con respecto a lo anteriormente contado. Nada de lo que aquí muestra lo hemos visto antes. Por eso costará asimilarla y también por eso, una vez concluido el proceso, será imposible no admirarla.