Un día descubrió que podían pagarle por hacer aquello que le gustaba, por ser “un poquito payaso”. Fue así como Carlos Mahugo, más conocido como Giuseppe Salchichone, se decidió –años antes de que su personaje italiano le hiciera conocido–, a hacer de su forma de ser y de sentir, su modo de ‘ganarse’ la vida.

Carlos Mahugo es clown, aunque también se maneja entre la magia, los malabares y las pompas de jabón.

Malabarista, mago… pero ante todo, payaso, se reconoce orgulloso. Una carrera de fondo que comenzó hace muchos años, lejos de su Canarias natal, haciendo malabares en Suiza y Venezuela a los 21 años (ahora tiene 42 años), y que tras viajar por muchos lugares, le ha traído de regreso a su tierra, donde fundó en 2007 la compañía T de Clown. “Hacer clown de manera diferente: como un buen té saboreado, los personajes que integran esta compañía mezclan sus esencias y sabores en la tetera de la risa y la ilusión, y de esta infusión única nace la esencia de sus personajes, humanos y payasos, deseosos de compartir el sabor de la risa y la ilusión payasa con quien se acerque a disfrutar”, explican los integrantes.

Un humor que Mahugo y su casi alterego Giuseppe Salchichone consideran esencial para vivir. “El humor te mantiene joven en el día a día; en mi caso me mantiene joven porque estoy siempre intentando que la gente se divierta, incluso cuando yo no tengo un buen día”, explica el payaso, que añade: “También en los malos momentos tienes que ponerte la máscara y actuar”.

Sus personajes, como los hermanos Pampanelli, Tortellini o Salchichone, son siempre de una imaginativa procedencia italiana, parlantes de un idioma que aunque no sabe siempre le acompaña, y basados en personas que le han marcado aunque sea por unos segundos.

Fue el caso del Giuseppe real, un hombre que conoció en Barcelona y que le llevó en autostop desde la Ciudad Condal hasta Suiza. Un viaje que no olvidará y del que ganó este nombre, aunque nunca haya vuelto a ver a aquel hombre rico que le pagó a él y a su compañero de viaje cinco días en San Remo de camping.

Personajes con los que él se adentra en un mundo del clown diferente, “lejos de la cachetada”.

Lo que sí ha introducido ha sido lo aprendido después de ser padre (tiene dos niñas de cinco y diez años), una enseñanza que ha incluido en su trabajo.

Teatro infantil y de adultos, magia, malabarismos, animaciones, teatro del absurdo… “Con adultos juegas más con la ironía y con subirlo de tono, aunque sea sin darte cuenta, y con niños te centras más en dar un mensaje”, diferencia el artista, que señala que aprovecha ese poder para transmitir mensajes de cuidado del entorno medioambiental u otras reivindicaciones sociales.

“La crisis y la situación que nos ha tocado vivir, como la falta de trabajo” es otro de los temas de los que habla en sus espectáculos. “La gente cada vez sonríe menos y está más agobiada con los pagos. Yo entiendo que se entre en la dinámica de la apatía, pero si te dedicas a esto hay que cambiar el chip”, concluye.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más