Lina Morgan falleció el pasado veinte de agosto a la edad de setenta y ocho años tras una fuerte enfermedad que la ha dejado durante meses apartada de todo(el año pasado en la que estuvo nueve meses ingresada en el hospital).

Nació en mitad de la Guerra Civil Española, el veinte del marzo del año treinta y siete en el seno de una familia modesta ubicada en el Barrio La Latina de Madrid.

A los trece años descubrieron su talento cuando pasó a formar parte de la compañía de Los chavalillos de España empezando en 1949 su primera gira como pequeña actriz.

A los dieciséis años empezó como bailarina de reparto en el Teatro La Latina (que años después pasaría a formar parte de su patrimonio), con la vedette Maruja Tomás. Era tanto el amor que ya sentía Lina por ser artista que al no tener la mayoría de edad, tuvo que falsificar su fecha de nacimiento para poder trabajar en el teatro. Fue entonces cuando la vena más humorística de esta actriz de la cabeza a los pies, surgió con pequeños papeles dentro de diferentes revista.

En poco tiempo y gracias a su talento natural se convirtió en una vedette compartiendo escenario con actores de la talla de Miguel Gila, Tony Leblanc, Manolo Paso o Ángel de Andrés.

Su consagración como actriz llego en el año sesenta y cinco, gracias a la obra Dos maridos para mí en la que su pareja artística era el emblemático y dicharachero Juanito Navarro.

En el sesenta y nueve graba su primera película, Soltera y madre en la vida, pese a que por su gran talento ya había sido requería para muchas películas y espectáculos al igual que en programas de televisión.

El año 1975 decide aparcar su carrera en el cine montando su propia compañía para volver a los escenarios que siempre fueron su grande pasión.

En el setenta y ocho, con ayuda de su hermano, toma las riendas del Teatro la Latina que estaba pasando graves problemas económicos. Pero hasta el año 1983 no pasó de manos de Matías Colsada, antiguo propietario, a las suyas por la cantidad ciento veintisiete millones de pesetas.

Teatro, cine, televisión, porque cuando alguien es grande puede moverse entre varias aguas sin perder el buen humor.

Sin embargo, ayer el firmamento al completo se vistió de luto y no brilló ninguna estrella en honor a la más grande actriz española, vedette, cantante, intérprete, empresaria, madrileña, que jamás se haya conocido en nuestro país.

Con Lina Morgan hubo un antes y un después dentro de teatro y de la comedia española. Después de ella, sólo nos queda su esplendoroso e inconmensurable recuerdo. ¡Hasta siempre Lina! Descansa en paz.

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