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Cristina Comencini, hija de Luigi Comencini, ha sido como su padre cineasta, pero con otro estilo y habiendo vivido cada uno en una época diferente del Cine de su país. Comencini padre fue uno de aquellos artífices de comedias al más puro estilo italiano, que alguien definió como que “en el cine italiano se puede apreciar el sainete y la crítica social”.

En este homenaje que Comencini hija hace a aquel cine de su país que ya no se hace, pues antes era cine con actor o actriz que por sí solo llenaba los cines (desde Mastroianni y Gassman a la Loren y la Lollobrigida), y ahora es más “cine de director” (desde Moretti y Tornatore a Sorrentino). En un pueblo italiano se rinde homenaje a Saverio Crispo (Francesco Scianna), actor fallecido una década antes y leyenda viva en su tiempo del cine del país.

Un reparto cosmopolita es el reunido por Comencini, donde las mujeres son omnipresentes, ya que los hombres quedan en segundo plano. Encontraremos desde la viuda oficial de Crispo (Virna Lisi, “Cómo matar a la propia esposa”) a algunos de sus amores en vida (Marisa Paredes) y sus hijas, que como en un chiste, son una italiana (Angela Finocchiaro), una española (Candela Peña), una francesa (Valeria Bruni Tedeschi), una sueca (Pihla Viitala) e incluso una americana (Nadeah Miranda).

Cada una de ellas son un tipo de mujer, incluso las hijas son de cada uno de los amores del difunto actor, presentado como un seductor irresistible y un sátiro, del cual, como en una obra teatral de enredo, sabremos numerosos detalles y secretos de él, las madres y las hijas, donde Saverio Crispo acaba mostrándonos una personalidad compleja, de “latin lover” (título original de la película).

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Los personajes masculinos, muy secundarios, se reducen al propio Saverio Crispo, recordado en “flash-backs” y en fragmentos de sus películas, y a varios más, entre ellos Jordi Mollà como pareja de Candela Peña, pero por encima de todos destaca un magnífico Lluís Homar, que representa el secreto mejor guardado de Crispo, que se sabrá a la mitad de metraje.

La veterana Virna Lisi, fallecida antes del estreno del filme, junto con Marisa Paredes y Homar, son lo mejor del mismo, ya que las demás actrices y actores no tienen papeles tan lucidos. La Comencini narra de manera amena, aunque cae en aquellas virtudes y defectos del cine que homenajea: algunos de los personajes, como el de la hija italiana, son demasiado histriónicos, el de Candela Peña se reduce al tópico español de la mujer gritona, Valeria Bruni Tedeschi tampoco parece cómoda como una francesa aparentemente triunfadora pero frustrada (no resulta del todo creíble, además), y las hijas jóvenes son simples floreros, aunque la americana se marca un excelente número musical al final del metraje.

Luego, escuchando la versión original, se aprecia el notable dominio de la lengua italiana de Homar, Peña, Paredes y Mollà, bien encajados en la peculiar familia de la película. Pero la Comencini decía que ha querido homenajear el legado de aquel tipo de cine para su país, pero al mismo tiempo desea que hay que dejarlo atrás y buscar otro tipo de valores. Algo así vemos en la película, que no llega a ser extraordinaria ni innovadora, pero sabe lo que quiere contar, aunque para ello hay que conocer bien la cultura italiana para pillar cada matiz.