Con la llegada del verano, las vacaciones y el buen tiempo parece aumentar la predisposición de las personas a lanzarse en la búsqueda del amor y comenzar historias románticas que les permitan encontrar una pareja. Sin embargo, según los últimos indicadores estadísticos de la revista americana Psyco, resulta que la mayoría de estas relaciones iniciadas en verano, no logran trascender más allá de los meses estivales: sólo tres de cada 10 relaciones comenzadas seriamente en verano, continúan cultivándose y creciendo con el paso del tiempo.

Los motivos son varios y giran en torno a la teoría de que el cerebro humano, se relaja y desconecta durante el período de descanso vacacional, del estrés, las tensiones y presiones a las que es sometido durante los meses de rutina diaria; ya sea como estudiante o como trabajador. Este "letargo cerebral " inducido por el ambiente de relax propiciado por las vacaciones; hace que aumente la predisposición de los solteros y solteras, a caer en las redes del juego de seducción y comenzar a tejer historias de amor que buscan mas bien vivir el "momento ideal" de diversión y disfrute compartido con la pareja, en lugar de apuntar hacia la búsqueda de una estabilidad emocional y el encuentro pleno del uno con el otro.

De ahí a que florezcan tantas relaciones nuevas durante los meses de verano pero que luego, por falta de perspectivas comunes, no llegan a asentar las bases óptimas y necesarias para construir un futuro juntos.

Por eso, según estos estudios psicológicos, los frutos de estas relaciones conocidas como "amores de verano", no logran en su mayoría sobrevivir a la llegada del otoño.

El motivo fundamental es que el bienestar propio del verano, las distracciones, y las emociones experimentadas por las personas predispuestas ya de por sí a encontrar " su propia y particular historia de amor", constituyen una "venda cerebral" que bloquea y distrae a los individuos de la verdadera realidad que envuelve a los que recién se inician en los primeros pasos de las relaciones sentimentales; bloqueando su capacidad para discernir lo que verdaderamente buscan en la pareja y en el compañero que acaban de comenzar a conocer: la atmósfera que envuelve las relaciones de verano es demasiado atractiva como para andar buscando pegas a semejante escenario de romanticismo.

Todo se idealiza y se magnifica en los amores estivales.

Sin embargo, el fin de los fantásticos días de este romanticismo y la vuelta a la rutina, se encargan de devolver a los "enamorados" a una realidad de responsabilidades, trabajo, estudio tiempos limitados , agendas apretadas y compromisos, donde sólo las parejas más empeñadas, cometidas y trabajadoras, podrán sacar adelante esas semillas del amor que el verano trajo y lograr que den frutos duraderos.

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