The Tribe, que puede verse en Atlántida Film Fest, en la plataforma de Cine online Filmin, comienza con una advertencia: la película está rodada en lengua de signos y sin subtítulos que los traduzcan, porque no son necesarios. El espectador la entenderá, pese a todo, sin ningún problema. A continuación, el ucraniano Miroslav Slaboshpitsky nos acerca a la vida de un joven que llega a un colegio y trata de encajar con los delincuentes que tiene como compañeros, al tiempo que se enamora de una de las chicas que ejerce la prostitución para ellos.

Historia durísima que se va desplegando ante nuestros ojos sin prisa pero sin pausa, casi con cuentagotas, para tomar carrerilla en un tramo final sin freno que desemboca en un desenlace que deja sin aliento al espectador más entrenado para el cine que mezcla sequedad y visceralidad al mismo nivel.

Escenas de una crudeza sorprendente, dirigidas con la tranquilidad que da la cámara fija, ausente el montaje nervioso al que nos tiene acostumbrados el cine americano en cualquier género, como si la rapidez otorgara a las películas mayor verosimilitud.

Este film demuestra que no es necesario marear al espectador ni exponerlo a un número incontable de fotogramas para llamar su atención. La disciplina de la contención es, muchas veces, la que ofrece mayor tensión.

Imágenes y lengua de signos. Los personajes son sordos y hablan con las manos, pero al contrario que en otras películas, donde la traducción viene a través de los subtítulos o de alguien que verbalice lo que los dedos expresan, en este caso no encontramos apoyo textual ni vocal.

El amor y el odio no necesitan traducción, afirma la frase publicitaria de uno de sus carteles.

Y es verdad que el grosor de la narración queda absolutamente claro y que el film se puede apuntar un tanto por ello. El mensaje llega como una flecha, directo, sin compasión, como todo cuanto ocurre en la película. Pero lo es también el hecho de que habiendo mucho diálogo, que no tenemos al alcance de las manos, perdemos los matices y en ocasiones nos desespera no ser capaces de profundizar en ellos.

La idea funciona, pero da más la impresión de que director prefiere llevar a cabo un experimento antes que la consecución de una película con auténtico sentido comercial. Pese a todo, los espectadores que vean The tribe la guardarán en su memoria. No puede ser de otra forma, Es lo mismo que le ocurre al cine de Michael Haneke o Lars Von Trier, que llegaron para remover estómagos y consiguieron que éstos sigan dando vueltas.

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