Interstellar fue uno de los mayores éxitos comerciales del pasado año en nuestras salas de Cine. No a todos gustó, hubo quien la encontró demasiado larga, muy farragosa y excesivamente científica, pero sí hubo una escena en la que admiradores y detractores de la película en su totalidad se pusieron de acuerdo al respecto de su espectacularidad: la del clímax, que explicaba y redondeaba buena parte del misterio planteado desde su inicio.

Presente, pasado y futuro confluyen en una de las secuencias más espectaculares vistas en una sala de cine en décadas. Casi desde 2001: Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick, no disfrutábamos de nada semejante, con permiso de la sensacional Gravity, estrenada un año antes que la de Christopher Nolan, y a la que el complemento del 3D le hacía, estéticamente, un favor tan inmenso como el espacio en el que se desarrollaba su argumento.

Meses después de haber experimentado Interstellar llegan a la red fotografías increíbles, de lo más reveladoras, acerca de la secuencia que nos impactó a todos. Al verlas no podemos sino quedarnos aún más atónitos porque no se rodó de la misma forma que requieren este tipo de complicadísimas escenas, con una pantalla verde de fondo y actores colgando de agarres, mientras hacen lo que el guión exige, para después, en posproducción, borrar sus sujeciones y el color verde del croma, sustituyéndolo por el decorado que vaya a necesitar la escena.

Nada más lejos de la realidad en esta ocasión. Nolan tuvo que sostener a Matthew McConaughey, claro que sí, pero no delante de un fondo verde artificial, sino en uno real, completamente real.

Increíble, ¿no?

Al igual que ocurrió con Titanic, para la que James Cameron reconstruyó el enorme barco en un macro decorado en el que no faltó ningún detalle del original, para Interstellar, Nathan Crowley, diseñador de producción, Paul Franklin, supervisor de efectos especiales y el experto en la materia científica de la película, Kip Thorne, ayudaron a construir el teseracto, o hipercubo de cuatro dimensiones que no tarda en ganarse a los espectadores.

A veces el decorado en el que el equipo trabaja se convierte en sí mismo en el efecto especial que una gran superproducción requiere. No será barato ni fácil de hacer, constará de muchos engranajes que aparentemente no se ven, pero están ahí, y dejará patente, una vez más, que Christopher Nolan no escatima en ingenio a la hora de escribir guiones y de llevarlos, por muy complejos que sean, a la pantalla grande.

Sus soluciones visuales serán, comprobado está, más grandes todavía.

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