80.000 títulos publicados al año solo en España. Esa es la media que nuestro país ofrece a los lectores, empedernidos o no, que deseen disfrutar de un rato de ocio con un hobby que parece perder fuerza frente a jugar al Candy Crash o andar pendiente del WhatsApp de manera compulsiva.

Los Libros electrónicos están en auge, algo muy normal debido al poco espacio que ocupan respecto a grandes volúmenes que muchas veces no caben en los bolsos, sobre todo si se trata de los Best Seller que más se llevan últimamente: la trilogía de Cincuenta sombras de Grey y la saga Juego de Tronos, que más de uno compagina con su adaptación a serie televisiva.

Efectivamente, todo se adapta. Es la oferta y la demanda. Pero, ¿qué pasa con los clásicos cuando no son lecturas obligatorias en las escuelas? A ellos también les ha llegado el turno de actualizarse para que las nuevas generaciones se interesen por ellos.

Las malas caras ante un William Shakespeare o un Charles Dickens se acabaron gracias a la conversión, no sin esfuerzo, de sus obras al lenguaje de los emoticonos. Esas caritas que todos usamos para ilustrar mejor nuestros mensajes, escritos con 140 caracteres como máximo, se han vuelto también una forma de escritura, que conecta más fácilmente con un público que de otro modo tal vez no se acercaría a una publicación clásica creyendo que o no entenderá su lenguaje arcaico, o simplemente no disfrutará leyéndolo.

Emoji Dick, el Moby Dick de Herman Melville, publicada en 1851, ha sido uno de los mejores ejemplos porque su venta por Internet se ha disparado. Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga, que combina texto y expresivos emoticonos que sustituyen a muchas palabras, otro tanto de lo mismo.

Todavía no es una moda extendida, sino una opción que comienza a observarse a la espera de que el mercado de papel, que sería la auténtica prueba de fuego de la implantación de esta idea, la consolide.

Hace años se publicaron novelas en un papel especial, que permitía ser mojado, para poder leerlas mientras uno tomaba un baño o se duchaba. El éxito fue tan inexistente que ya nació como un fracaso. Veremos si este otro invento tiene más salida y si llega a convertirse en una moda tal que se extienda a los títulos que hoy están en las listas de los más vendidos.

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