La Feria de Córdoba, que se celebra cada año en la última semana de mayo, es una magnífica oportunidad para conocer de cerca la gastronomía típica andaluza y cordobesa. En los fogones de las casetas se elaboran sus platos más reconocidos, como el salmorejo o los flamenquines, y se sirven las hortalizas frescas que nacen en la vega del Guadalquivir.

En sus recetas están presentes los productos de las distintas denominaciones de origen que tiene la provincia, desde los ibéricos del Valle de los Pedroches al aceite de oliva virgen extra o los vinos finos de Montilla-Moriles, sin cuya presencia no se entiende la Feria.

El papel de estos caldos "ha sido siempre capital", como señala el gerente de la Denominación de Origen (DO) Montilla-Moriles, Enrique Garrido. De hecho el vino fino es "uno de los baluartes de la tradición" gastronómica de Córdoba.

Los datos hablan por sí solos. Se calcula que desde finales de abril y durante todo el mes de mayo, fecha en el que se celebra un gran número de fiestas tradicionales en Córdoba, se comercializan cerca de 2 millones de litros de vinos procedentes de las bodegas de la denominación, según Garrido. Y la Feria es un lugar perfecto para visibilizar "la excelencia" de estos caldos.

Por eso, la Asociación de Casetas Tradicionales de la Feria de Córdoba, creada hace una década con el objetivo de potenciar el folclore más típico y de contribuir a la difusión de las tradiciones de Córdoba, como la Fiesta de los Patios, tiene suscrito un convenio con las distintas DO de la provincia con el propósito de potenciar los productos locales.

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