Manuel Molina, cantaor, guitarrista, poeta e impulsor del flamenco fusión, ha vestido de luto al Arte flamenco en la madrugada de hoy, a causa de un cáncer que le fue diagnosticado meses atrás y ante el cual el cantaor flamenco se negó a recibir tratamiento.

Pues su único deseo era seguir haciendo lo que mejor sabía hacer, que era cantar, y esperar así a la muerte encima de un escenario. Pero no ha podido ver cumplido su último deseo, incluso aunque su hija, la cantante flamenca Alba Molina, había preparado días atrás un concierto-homenaje con lo más nutrido del flamenco, incluida la exmujer del cantaor, la también cantaora Lole Montoya.

Compositor, cantaor, guitarrista e impulsor del flamenco fusión pero, como manifiesta eldiario.es, "sin apartarse del viejo tronco flamenco", conoció a lo largo de su vida los dos lados del mundo del arte flamenco: el de la indiferencia e incluso el menosprecio, por un lado, y el del respeto y el éxito, por otro.

Formó durante mucho tiempo pareja artística con su hoy exmujer Lole Montoya, con quien supo ejecutar como nadie y difundir el flamenco fusión, o sea, una forma de crear Música mezclando distintos estilos musicales con los palos del flamenco. También formaría pareja con su hija, Alba Molina.

Su larga trayectoria artística, que lo ha convertido con merecimiento en un referente para el arte y la cultura flamenca, declarado el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ha llegado a su fin esta madrugada en Sevilla, a la edad de 67 años, víctima de un maldito cáncer; pero su quejío, su arte y su duende se seguirán recordando porque los grandes artistas nunca mueren, como tampoco las grandes personas, que siempre permanecen en nuestros recuerdos.

Hoy, y a pesar de que Manuel cantaba, en una de sus bulerías, "que nadie vaya a llorar el día que yo muera", seguramente las guitarras flamencas llevarán un lazo negro y romperán en un llanto del que será difícil callarlas, del que será imposible callarlas, como decía nuestro poeta universal Federico García Lorca en su poema "Empieza el llanto de la guitarra". Ahora estará llorando por Manuel Molina, aunque no quisiera que nadie llorara, porque es mejor cantar aunque te embargue la tristeza.

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