Cannes, Venecia, Sundance, Berlín, San Sebastián, Sitges, Valladolid, Montreal y un largo etcétera, decenas, cientos de festivales de Cine tienen lugar al año con toda la producción, que es mucha, pese a la poca que nos llega a nuestras salas, del cine que se rueda en el mundo. No solo americano, de un gran número de nacionalidades, y todas se proyectan siempre en su versión original. 

¿Y quién ve eso? Tal vez se pregunten muchos. La respuesta se encuentra en los críticos de cine, esos profesionales atípicos capaces de juntar cinco visionados al día durante más de una semana. Y no en todos se puede comer palomitas, más que nada porque el cuerpo llega un momento en el que no las aguanta.

Efectivamente, ser crítico de cine es una profesión, un trabajo, solo que la oficina se encuentra en salas oscuras y en portátiles que han de enviar al final de las proyecciones las crónicas con las opiniones al respecto de cada cinta, sin confundirlas ni mezclarlas, ¡solo faltaría!

Madrugones, bocadillos en las largas colas para intentar acceder a entradas no siempre ganantizadas, entrevistas, ruedas de prensa... No es fácil, ni es descansado. Y tampoco está tan bien visto como aparenta, porque si no se explica con detalle en qué consiste y qué se hace siendo uno de ellos, la idea generalizada es la de que es gente que se pasa el día viendo películas. Pero las que apetecen, no las que no, y esas también entran en el lote.

La creencia se extiende hasta el hecho de que muchos no disfrutan de los éxitos comerciales que, a concurso o fuera de él, puedan presentarse en los certámenes, que solo quieren ver películas de procedencias extrañas y aplauden los palmarés donde este tipo de cine consigue los máximos premios. Otra idea equivocada.

De todo habrá, los gustos son personales, pero ¿cuántas veces no leemos acerca de films previsiblemente muy taquilleros que se han llevado las mayores ovaciones de la jornada?

Sin ir más lejos, en este festival de Cannes del mes de mayo, el cine francés, tan presente como siempre en la programación porque es el suyo, ha sido el que menos apoyo ha encontrado de entre las distintas nacionalidades que han concursado.

Tal vez los críticos, en el fondo, no estén tan locos.

Suele decirse que crítica y público van cada uno por su lado y que rara es la ocasión en que coinciden. Pasa mucho, pero, curiosamente casi nunca con las películas que se exhiben en festivales. Y también es verdad que cuando se defiende una producción de bajo coste quienes hacen la prueba de corroborar hasta qué punto la defensa tiene base, suelen apoyarla.

El 4 de abril de 2013 moría Roger Ebert, el único crítico que posee una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Esto puede darnos una idea de cuán difícil es una profesión, a veces tan denostada y menospreciada, pero tan necesaria para orientar a los espectadores al respecto de qué merece más la pena entre aquellos títulos que nos llegan cada semana.

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