Visualizar a Cate Blanchett con un tercer Oscar no es difícil. Es una de esas actrices que merecen uno por cada trabajo que llevan a cabo, en una industria donde las mujeres que ya han pasado la barrera de los cuarenta lo tienen muy complicado para hacerse con buenos papeles. Y ella acaba de cumplir los cuarenta y seis.

Pero el desierto en el que muchas veces se convierte la carrera de las actrices, que luchan en vano por conseguir un personaje en el que volcar las dotes con las que nacieron, no parece que sea el territorio habitual en el que la australiana se mueva.

Muy al contrario, puede ser gracias a un agente extraordinario, a un gusto exquisito seleccionando proyectos, a una capacidad superior a la media para desarrollar matices estremecedores dentro de personalidades de por sí fascinantes, o a una afortunada amalgama de todo lo anterior, pero está comprobado que ver a Cate en la pantalla suele dar lugar a experiencias no muy comunes y siempre extraordinarias.

Cuando creíamos que no era posible encontrar en otra profesional de su magnitud el carácter, el físico y el tono de voz tan peculiar que habitaba en Katharine Hepburn, llegó Blanchett para confirmar que si alguien podía igualarla, imitarla e incluso volverse ella, esa era Cate. El destino quiso que dos nombres parecidos y coetáneos durante más de treinta años, compartieran persona y genio. De genialidad, claro.

Aquel fue su primer Oscar, como mejor actriz secundaria. La película era El aviador y la dirigía Martin Scorsese. Qué bien arropada estaba, pero no lo estaría menos cuando llegó el segundo, a la mejor actriz protagonista. Fue por Blue Jasmine y el timón lo llevaba entonces Woody Allen. La admiración que generó su interpretación quedó reflejada en el patio de butacas del Dolby Theatre, con la Academia en pie mientras recogía su estatuilla.

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Y tal vez no sea esa la última que agradezca, porque empiezan a sonar rumores sobre una nueva candidatura al Oscar, ahora por Carol. El film de Todd Haynes, basado en la novela de Patricia Highsmith titulada en según qué ediciones como The price of salt y publicada también con el nombre de la película, es el responsable de los actuales elogios que Cate está recibiendo.

La cinta en sí también empieza a contar por decenas las alabanzas y ovaciones de aquellos que ya han podido verla en el marco de su presentación mundial en el festival de #Cannes. De allí suelen salir las primeras favoritas de cara a los grandes premios de finales de año y no sería de extrañar que este melodrama, que se centra en el amor entre dos mujeres en el Nueva York de los años 50, fascine también a los académicos norteamericanos y le otorguen tanto a Cate Blanchett como a la película, sus, al parecer, merecidas nominaciones al Oscar. #Cine #Famosos