Que una película o una serie de televisión se convierta a su vez en serie o en película habla estupendamente, en los tiempos que vivimos de exprimir hasta el último huevo de oro que dé la gallina, acerca de las enormes posibilidades que una producción tiene cuando cambia de medio y de formato en busca de los espectadores que, por estar más cercanos a uno u otro desconocen las virtudes de determinado título en aquel por el que suelen decantarse. O lo que es lo mismo, si la película tuvo éxito se convierte en serie para los espectadores más interesados en la pequeña pantalla y de cara a quienes no suelen ver series, nace la película.

Así llega La oveja Shaun, después de cuatro exitosas temporadas con capítulos unitarios e independientes que se pueden ver sin ningún tipo de problema con la continuidad. Una oveja que forma parte de una manada inteligente con pensamientos que podría tener cualquier humano, con expresiones y miradas en las que todos podemos reconocernos porque nosotros reaccionaríamos de la misma forma. Y lograr eso a partir de la plastilina y la técnica del Stop-Motion es una fiesta para los sentidos.

Shaun ahora quiere pasar un día libre en compañía de las demás ovejas pero el plan se tuerce y se ven obligadas a recalar en la gran ciudad para traer de vuelta al campo a su granjero. Las continuas ocurrencias que llevan a cabo para conseguirlo son dignas de la mejor tradición de la comedia británica, de la que procede el sello Aardman, creador de la extraordinaria ¡Piratas!

o de Wallace y Gromit, en cuyo corto Un esquilado apurado conocimos a nuestra ahora protagonista.

Para Aardman ya no hay secretos dentro de la Animación, pero sí mucho trabajo, rodando fotograma a fotograma cada movimiento, y sin perder de vista un guión dirigido por igual al público adulto e infantil.

Diversión familiar llena de grandes momentos en los que destacar alguno es hacer de menos a otros que también deberían ser citados. Lo que sí requiere reseña es el epílogo de la función, que tiene lugar, como en este tipo de películas ocurre, después de los créditos finales. Chistes hasta el último segundo, aprovechando al máximo la entrada de cada espectador.

Y vale la pena llegar hasta esa meta que nos han preparado, tanto como asistir al trayecto que nos conduce a ella.

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