Las procesiones son las protagonistas de la Semana Santa en muchos puntos de España y, especialmente en el sur del país, se viven con mucho fervor. Pero no todo es Religión lo que ahí se celebra, sino la unión de gente que tiene un motivo para reunirse otro año más. En Baena, un pueblo de Córdoba, la fiesta se extiende a lo largo de esta semana en la que el júbilo está ambientado por los tambores que no cesan de sonar, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada.

Las hermandades se preparan, las camareras visten a las Imágenes y todo el pueblo se implica. Baena rebosa sillas en estos días ajetreados, porque quien no sale en la procesión seguramente está sentado como espectador en primera fila a lo largo de todo el recorrido.

De una u otra manera, todo el mundo participa en ella.

Las calles baenenses se visten, así, de terciopelo, telas de raso, escudos brillantes y chaquetas de fieltro, al son de sus tambores, roncos o chillones, y se organizan en dos bandos que cada vez son más cercanos: la cola negra y la cola blanca. Antaño, existía una rivalidad que hoy en día se desdibuja, dando lugar al ambiente distendido y de celebración que caracteriza esta Semana Santa.

Judíos de Baena, su figura típica



Son los judíos la figura más típica en Baena, y única en cualquier parte de España, que ataviados sencillamente con su chaqueta roja, camisa blanca y pantalones negros, son denominados 'coliblancos' o 'colinegros' en función del color de las crines de caballo que cuelguen de su casco.

Pero independientemente de que existan dos bandos, Baena no está enfrentada, ya que a pesar de la devoción religiosa la fiesta tiene un gran protagonismo en estas fechas.

Especialmente en los años que hace buen tiempo, llegando a alcanzar hasta los 30 grados, cuando cualquier excusa es buena para salir a tomar tapas por las tabernas que sacan sus terrazas y sirven sus platos más típicos.

Tristes son, por el contrario, los años en los que el agua hace acto de presencia y arruina la salida de las cofradías con sus Santos; la ilusión de muchos meses se puede marchitar en un sólo instante.

Pero cuando el tiempo da tregua, como ha ocurrido este año, la fiesta continúa dejándonos momentos inolvidables.

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