Era previsible pero ha superado las expectativas: Fast & Furious 7 ha logrado la mejor entrada en taquilla de toda la saga, con más de un millón y medio de euros, en concreto 1.6, recaudados en España, según Rentrak, solo en el día de su estreno. Espectacular, como la película. En efecto, no se trata únicamente de que sea el último trabajo del actor Paul Walker lo que llame a los espectadores masivamente a las salas, sino que la cinta contiene algunas de las escenas de acción que más se recordarán cuando se haga una retrospectiva del género.

Y al decir algunas, en plural, es porque esta séptima entrega va aumentando, a medida que avanza el metraje, su propia capacidad de superación. Es decir, que aunque ya sepamos que cada una de ellas va a más, la presente deja el nivel tan alto que es complicado imaginar cómo pueden elevarlo de cara a la octava, que por cierto, ya está en marcha.

Si en el trailer ya vimos cómo los coches conducidos por los protagonistas saltaban de un avión transporte, y esa pequeña muestra de lo que nos esperaba en el largometraje completo levantó los comentarios más entusiastas, lo cierto es que James Wan, el director elegido para rodarla, no ha defraudado a casi nadie y ha conseguido que lo que parecía un aperitivo se transformara en un menú de gigantescas proporciones.

Las secuencias de la montaña y de la fiesta en Abu Dhabi nacieron antológicas y permanecerán como tal. Son excesivas, sí, pero no hay nada de malo en ello porque es precisamente eso lo que se les pide. El error estaría en creer que no serían de ese modo o que se les pondría mesura y contención buscando el realismo, pero hay que desengañarse: cuando se va a ver una película llena de adrenalina, ésta tiene que desparramarse.

Tampoco le falta humor, que en buena medida viene de la mano de sus personajes secundarios, en especial el de Dwayne Johnson, dueño y señor de cada momento en el que aparece en pantalla. Pero todos, y todas, que también las chicas tienen su importancia en la película, están exultantes.

Por supuesto, no se trata de un drama clásico ni de un film intimista donde cada interpretación es considerada para ganar todos los premios de la temporada, claro que no.

Los suyos serán aquellos para los que se diseñó, es decir, el disfrute absoluto de un público entregado que aspira más que nada a un buen rato de diversión, y una recaudación acorde con lo que el Cine de acción genera. Y ya se empieza a comprobar que obtendrá ambas cosas.

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