Decía Federico Luppi convertido en el Martín padre de Martín (Hache), que "leer es un placer que no te podés perder", a lo que un jovencito Juan Diego Botto, su hijo en la ficción, asentía, recordando esas palabras escuchadas en la infancia, retomadas a su vuelta a Madrid cuando la vida lo aprieta en Argentina.

Todos sabemos que aquello que se realiza por obligación rara vez es disfrutado, pero no es menos cierto que las lecturas que nos inculcan durante nuestra etapa de estudiantes en muchas ocasiones nos sitúan en la casilla de salida de la inmensidad de géneros y autores que los conforman para que seamos nosotros, ya sin la guía del maestro ni la búsqueda del aprobado, los que descubramos nuestra identidad como lectores.

Una vez que se ha atravesado la barrera psicológica que separa la pereza de enfrentarse a un libro por el temor a que no sea entretenido de la necesidad de acabar uno y empezar el siguiente porque la diversión ya es un hecho consolidado, se abren infinitas posibilidades para colmar el deseo que nace de ese placer desarrollado.

Entonces todos los Libros son pocos, todas las librerías pequeñas y el tiempo, insuficiente.

Se adquieren ejemplares teniendo una suculenta lista pendiente por atender, pero es inevitable porque la magia de sumergirse en las letras se inicia con la visión de los muebles abarrotados en la tienda, con la deliciosa sensación de querer encontrar un título específico mientras descubres otros nuevos, con el tacto de ese que no sabes si comprar porque también el de al lado te ha atrapado.

Leer, ese ejercicio fascinante que nos transporta donde el autor nos lleve, de la mano de personajes reales o inventados, dentro de este mundo o en otros, tiene su día grande al año.

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Arte Libros

Es el 23 de abril, el mismo que el correspondiente al de 1616 quienes en él vivieron despidieron a la vez a Miguel de Cervantes y a William Shakespeare. Posiblemente sin que los coetáneos lo supieran, las noticias entonces no se divulgaban con la rapidez con que se conocen hoy, pero la coincidencia de la desaparición de ambos llevó a conmemorar sus talentos en una jornada de recreación literaria que partió de 1926 y que aún se sigue celebrando.

Los profesionales de la escritura, tan poco estimados en tiempos en los que la piratería le resta dividendos a su trabajo, son también alabados por la creatividad de la que hacen gala cada vez que son publicados. No es fácil sentarse ante un folio en blanco y hacer reír o llorar al invisible y desconocido destinatario de tu obra, y ya que está en nuestras manos reaccionar con esas emociones, lo menos que podemos hacer al respecto es empezar a pasar las páginas que van a proporcionárnoslas.

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