Después de arrasar la taquilla de su país con una comedia plena de inteligencia enfrentando a dos personajes antagónicos como un parapléjico y un macarra inmigrante africano, además de rehuir sabiamente toda falsa compasión ante el personaje del paralítico (sugerido por el personaje real en quien se inspiraba, conservando en todo momento asimismo su dignidad como persona), como siempre pasa, cuesta que una película del mismo autor vuelva a sorprendernos igual, pero el resultado de la nueva puede hacer que estén orgullosos sus directores.

Aquí, Omar Sy, con su habitual humanidad, simpatía y carisma, ahora trabajando entre Francia y Hollywood, es Samba Cissé, un inmigrante clandestino senegalés, que vive en Paris con su tío, que vive en Francia legalmente y que es cocinero.

Samba tiene trabajos eventuales, pero siempre vigilando no ser descubierta su situación irregular. Un día es detenido y acuden a visitarle dos voluntarias de una ONG. Una de ellas es Alice (Charlotte Gainsbourg) que, por el stress que le provocaba su #Trabajo de ejecutiva, ahora hace estas tareas como terapia. Hablan con Samba y empiezan a caerse simpáticos uno al otro.

Todo este esquema de enamoramiento es mostrado por los directores poco a poco y tratando de salirse de los esquemas de Hollywood y del #Cine francés reciente que quiere no sólo ser más comercial, sino exportarse bien. A ello ayudan nuevos personajes, los secundarios y unas situaciones inesperadas muy bien resueltas. Entre todos ellos, hay un peculiar personaje, un brasileño llamado Wilson (Tahar Rahim, Un profeta), que esconde un secreto de identidad y que influirá en el futuro de nuestro protagonista, y el tío de Samba, un anciano senegalés de pelo blanco con cierto aire a lo Nelson Mandela nonagenario.

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La Gainsbourg, gran actriz que se enfrenta a cualquier tipo de cine, está perfecta en un personaje vulnerable, con cierto toque neurótico, pero que ella lo interpreta sin los típicos aires excéntricos de este tipo de papeles. Además, no lleva maquillaje destacado, ningún personaje va así y lo hace más creíble. Pero la aparición de Tahar Rahim a mitad de metraje, en plan arrollador, aporta más detalles al relato. De él es una de las escenas más divertidas de la película, con su imitación de aquel anuncio de Coca Cola con las trabajadoras de una oficina embelesadas por un hombre atractivo que bebía el famoso refresco.

Por supuesto, no contaremos aquí todo el argumento, pues en dos horas que dura la película, ocurre de todo, y vemos desde una crítica suave pero sutil al racismo de la sociedad francesa (las miradas hostiles a Samba en el Metro de pasajeros blancos) a sátira sobre el gusto de las mujeres francesas por los extranjeros atractivos, pasando por el drama de empresarios que usan mano de obra barata, inmigrantes clandestinos, sobre todo, para ahorrarse dinero.

Otro detalle grande de la película, como los vimos en Intocable, son algunas escenas cómicas con alto voltaje de risas provocadas. Hay varias, pero aparte la comentada antes, tenemos la de las entrevistas a inmigrantes en la ONG, con confusiones lingüísticas muy logradas, todo ello metido de manera oportuna. Cine social que a la vez entretiene, y hace que no pensemos que es una comedia intrascendente, ni tampoco una película pretenciosa, de esas con "mensaje", con personajes interesantes y sin ningún tipo de toque politizado, lo que la hace muy objetiva. Y tampoco cayó en la tentación de hacer un Intocable 2. #Unión Europea