La perfección lo define porque ella ha sido su mejor aliada a la hora de meterse en la piel de todos los personajes que lleva interpretados desde que comenzó, en la década de los cincuenta, hasta ahora, momento en que sigue demostrando que los grandes actores no dejan a un lado su talento a medida que cumplen años. Al contrario, Michael Caine ha ido subiendo de categoría, que ya lo situaba en un lugar de privilegio en su profesión cuando saltó a la fama gracias a Ipcress, cuando llegó su consagración con Alfie y al ir consolidándose con Un trabajo en Italia o La conspiración, un film de Ralph Nelson junto a Sidney Poitier lleno de aventuras y del más fino humor.

Con La huella, de Joseph L. Mankiewicz, rodó uno de los mejores clásicos para iniciar a los amantes del Cine en películas que no son contemporáneas porque reúne a nombres del Hollywood dorado en una cinta de ritmo moderno. Pero es que tras ella vinieron El hombre que pudo reinar, Un puente lejano o Evasión o victoria, grandes títulos del casillero épico. Y ya nos situamos en los ochenta, década que lo une a Woody Allen en Hannah y sus hermanas, por la que gana su primer Oscar, o a Neil Jordan en Mona Lisa, y en la que trabaja con Sigourney Weaver en La calle de la Media Luna o junto a Pierce Brosnan en El cuarto protocolo.

Ya en los noventa interviene en una comedia impecable, ¡Qué ruina de función! y gana su segundo Oscar como mejor actor secundario en Las normas de la casa de la sidra.

Cuando parecía que no podía superarse, llega Christopher Nolan y le ofrece el papel de Alfred, el mayordomo de Bruce Wayne en la trilogía que comienza con Batman Begins. Y después de hacer historia en las películas más aplaudidas del superhéroe, Nolan sigue contando con él para sus siguientes maravillas: El truco final (El prestigio), Origen e Interstellar.

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También interviene en Hijos de los hombres, Ahora me ves... y recientemente en la aplaudida Kingsman: Servicio secreto. Imposible resistirse a tanto acierto, a tanto talento y a tanta elegancia, y por eso, públicos de todas las edades se rinden a la evidencia de que Michael Caine es un genio, y se le admira como tal. Muchas felicidades, caballero, y recuerde que, independientemente de los obsequios que reciba, sigue usted siendo el mejor de los regalos.

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