Más o menos en la mente de todos nosotros está la imagen del arqueólogo aventurero que se desplaza a la selva o al desierto para hacer grandes descubrimientos, personajes como el que hace poco nos presentaba Viggo Mortensen en Barcelona. Aunque en el sentido práctico la Arqueología, la mayor parte de las veces carece de ese romanticismo y es una ciencia más bien pragmática y minuciosa, los avances científicos de las últimas décadas están posibilitando incluso que el arqueólogo pueda realizar una parte importante del trabajo sin tener que desplazarse para nada al terreno de estudio. Veamos algunas de estas técnicas e instrumentos:

- La teledetección por satélite, tiene su antecedente en la fotografía aérea.

Históricamente las imágenes obtenidas por satélite eran utilizadas sólo con fines militares, pero tras la Guerra Fría se posibilitó el acceso a todo el mundo, especialmente con Google Earth y Bing Maps. Los arqueólogos buscan los Cropmarks, zonas de escasa vegetación rodeadas de espacios más verdes, es especialmente útil en terrenos de la jungla. Utilizando estas imágenes en 2011 Sarah Parcak de la universidad de Alabama descubrió la ciudad egipcia de Tanis con unas 1000 tumbas y 17 pirámides.

- Lidar (Light Detction and Ranging), es un sistema óptico de medición de la luz reflejada por los objetos. La imagen así obtenida puede visualizarse por capas, de las que es posible eliminar la vegetación y todos los elementos que dificulten la visión de lo que andamos buscando.

Este sistema permitió el descubrimiento de la Ciudad Blanca de Honduras. En España el PNOA (Plan Nacional de Orografía Aérea) escaneó hace años toda la Península, con lo que los arqueólogos sólo tienen que acudir a los institutos geográficos de las Comunidades Autónomas para consultar las imágenes.

- El georradar o Radar de Subsuelo, es una especie de radiografía del suelo usando ondas electromagnéticas, suele usarse en zonas húmedas pues precisa que el suelo tenga humedad.

- Electromagnetismo, consiste en el uso de ondas electromagnéticas de baja frecuencia, es muy útil para encontrar cuevas.

- Pequeños Robots que tienen  acceso a zonas donde el hombre no puede llegar y pueden realizar fotografías. Es el caso del robot Lucius Arqueorobot que se utilizó en los acantilados de los foros de Roma.

Lo normal es utilizar una combinación varias de estas técnicas, aunque sólo  lo hacen aproximadamente un 15% de los arqueólogos. El coste viene a ser de entre 15000 y 20000 euros, pero aún así es más barato y desde luego menos dañino que una excavación normal.

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