En los últimos meses se había hablado mucho del trabajo de Clint Eastwood en esta película, trata sobre un personaje que en los Estados Unidos era algo más que un veterano, un auténtico mito viviente y quizás uno de los mejores francotiradores de la historia.

No era fácil afrontar un proyecto como este, incluso directores de la talla de Spielberg se echaron atrás en el último momento. Al final Clint Eastwood creyó en el proyecto y se puso manos a la obra, una vez visionada la película pese a no ser una cinta redonda y que no vaya a quedar como las destacadas en la filmografía de Eastwood, si que se siente el esfuerzo por intentar retratar de la manera más fiel como era Chris Kyle .

Bradley Cooper se pone en la piel de Kyle y desde luego que da la talla, su trabajo le costó, tanto físico (engordo bastantes kilos y tuvo muchas horas de gimnasio para alcanzar un físico lo más cercano a Kyle) como mental, teniendo clases para utilizar correctamente armas y un buen trabajo para alcanzar el acento tejano del personaje. Es el protagonista de la cinta junto a Sienna Miller que sin maravillar realiza un trabajo bueno intentando reflejar a la mujer que espera un regreso del frente que parece no llegar nunca.

La película se hace un pelín larga, aunque se disfruta en planos de gran belleza y en acciones bélicas, sonido de calidad y muy buena puesta en escena militar, no escapándose detalles de esos que suelen darse en muchas películas de guerra. La curiosidad en cuanto a esto la ha dado el bebe falso al que acudieron según la productora al ponerse el bebe malo, excusa pobre en una producción millonaria como esta.

Lo triste de la película es ver como un director de la talla de Eastwood con 85 años recien cumplidos, se pierde últimamente en hacer películas intrascendentes cuando de todos es sabido de su capacidad para hacer Cine y del bueno. Para un europeo parece un poco desmesurado el patriotismo de la cinta, también la poca crítica hacia el gobierno y la política llevada a cabo en Irak.

Al final se queda la película a medias, buenos actores y buen director no son siempre una ecuación que de un buen resultado.

En este caso ha dado como consecuencia lo peor que le puede pasar a una película, olvidarla al poco de verla. Esperemos que Eastwood todavía tenga tiempo para regalarnos una última gran película, sus admiradores lo agradeceríamos. 

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