En 1999 un par de hermanos, que entonces eran dos chicos, Andy y Larry Wachowski, revolucionaron el Cine de ciencia ficción gracias a Matrix, un experimento que les salió redondo, no solo por la utilización de unos efectos especiales prodigiosos que se convirtieron en un ejemplo a seguir, o por sus juegos con la realidad temporal en que esta se desarrollaba, sino porque lograron que su sombra, y las de las dos secuelas que la completaron, fueran alargadas y se transformaran en un fenómeno social que arrastrara al cine que vendría después, con películas que beberían de sus ideas y, con mayor limitación de medios, de sus conceptos de la flexibilidad temporal.

Solo con esta trilogía los hermanos podían vivir a partir de los beneficios que se generaron, un auténtico desbordamiento de merchandising y de copias de las películas en formato doméstico, pero no se conformaron con eso, como es lógico, y siguieron ofreciéndonos acción con Speed racer, una cinta que no llegó a tener el éxito de Matrix. Para entonces Larry ya había cambiado de sexo y se hacía llamar Lana, y como tal rodó y estrenó junto a su hermano, y el realizador alemán Tom Tykwer, El atlas de las nubes, película que fue del gusto de muy pocos pese a contar con Tom Hanks o Halle Berry en su reparto.

La dificultad de la adaptación de la novela de David Mitchell en que se basaba no justificaba una cinta tan larga, tan aburrida y tan incomprensible.

Y con esta mezcla de éxitos y fracasos en la carreras de ambos, se enfrentan a un nuevo proyecto, Jupiter Ascending, traducida en España como El destino de Júpiter, y rodada también aquí, en el museo Guggenheim de Bilbao, donde se hicieron unas tomas adicionales fuera del tiempo estimado de rodaje.

Cuando eso le ocurre a una película, nada bueno dice del resultado que se tiene hasta el momento, rehacer parte del metraje no implica querer lograr la perfección sino intentar apartarse del desastre, y tal cosa es a la que los hermanos se han acercado en su nuevo film. Lo cierto es que han hecho un trabajo visualmente espectacular, han vuelto a crear un universo como el que entonces consiguieron, pero con las señas de identidad de una nueva narración.

Lo malo es que, una vez más, si nos fijamos en el guión, como en aquella trilogía, nada o casi nada en él tiene sentido. Y es una lástima que una producción tan cara y tan llamativa no esté compuesta más que del caparazón que la cubre, y que dentro apenas podamos encontrar algo que la haga sobrevivir en nuestra memoria más allá del rato de la proyección.

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