Es curiosa la fama: ayer no se hablaba de ti y hoy no se habla de nadie más que no seas tú. Eso es lo que debe pensar Jamie Dornan, el semi desconocido actor que un buen día se encontró con el papel de Christian Grey sobre su mesa y lo aceptó, para disgusto de las fans de la novela, que preferían al hasta entonces escogido Matt Bomer para protagonizar Cincuenta sombras de Grey.

Bomer rechazó el reto, no porque lo fuera sino porque no quería que una trilogía lo tuviera atado a un mismo personaje durante los años que se necesita para completarla. Entonces Dornan tomó el relevo y se convirtió en el hombre sobre el que iban a caer todas las miradas, lo que implica exponerse a los halagos o al desprecio de un público que o bien te acoge como un nuevo ídolo o te rechaza como tal.

No parece que a Dornan le vaya a ocurrir lo segundo y es de esperar que para cuando concluya la trilogía de las sombras, el actor sea uno de los más solicitados de una industria que no solo requiere juventud en las mujeres, si la puede tener también en los hombres. Los 33 años que tiene ahora Dornan lo convertirán en el actor del momento, con permiso del omnipresente Bradley Cooper, que actualmente acapara los títulos más sobresalientes de la cartelera y con el que, por cierto, próximamente coincidirá en Untitled John Wells proyect, es decir, "la nueva película, aún sin título, de John Wells", director de la aclamada Agosto, con Meryl Streep y Julia Roberts. Y es que un rostro bonito que además demuestra tener conexión con el público es lo mejor que le puede pasar a una película, y los productores, que lo saben, no pueden desaprovechar la oportunidad de contar con ellos.

Dornan ha forjado su carrera como modelo y en series de Televisión tipo Érase una vez o La caza, donde tiene como compañera de reparto a Gillian Anderson, la famosa agente especial Scully de Expediente X. Pero a partir de ahora, gracias al fenómeno cinematográfico mundial al que sabe que está abocado, será una de las presencias a tener en cuenta en las pantallas grandes de todo el mundo.

Su torso se hará más famoso que el de Ewan McGregor y su cara adornará, a base de pósters y fotografías varias, las paredes de los cuartos de las adolescentes, que verán en él la encarnación del hombre perfecto por haber dado vida en el celuloide al millonario que antes las encandiló cuando no era más que un conjunto de letras escritas sobre papeles en blanco.

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