La combinación de Lucha Libre, ganador olímpico y multimillonario patrocinador sería de lo menos atrayente para una película de no ser por la participación de estrellas de Hollywood en la misma, la inclusión de un director con admitida solvencia y unas nominaciones al Oscar que avalan su calidad con solo acercarse al cartel promocional. Si a todo ello le sumamos que se trata de un suceso real acaecido en la década de los 90 en Philadelphia (Pennsylvania), tenemos como resultado una de las cintas más deseadas de la temporada y más aplaudidas del momento.

Bennett Miller, director de Capote y Moneyball: Rompiendo las reglas, recrea el universo y las circunstancias que se vivieron en los años 90 en la granja Foxcatcher, que el multimillonario John du Pont destinó a la sede de entrenamiento de Lucha Libre para los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988, patrocinando especialmente al luchador Mark Schultz, quien ya había ganado el Oro en Los Ángeles cuatro años antes. La intervención del hermano de Schultz, Dave, en el esquema de trabajo del equipo será determinante para la relación de los tres ejes alrededor de los cuales va a girar la trama.

Lo malo de ésta es que gira lenta, muy lenta, demasiado lenta; el estilo elegido por Miller para integrarnos en el mundo en que se cimenta la Lucha Libre, y el universo en el que sus personajes habitan, es demasiado pausado, y llegamos a ahogarnos por culpa de una atmósfera que el reloj vuelve irrespirable. No es necesario recurrir a esa recreación porque ir a contracorriente del ritmo de un deporte más frenético descarta el interés hacia él y lo centra en sus personajes, que cuentan con la profundidad de las circunstancias en que viven, no con la suya propia.

Entonces el foco apunta al multimillonario que interpreta Steve Carrell, maravillosamente caracterizado como el auténtico Du Pont, porque es quien en medio de la serenidad de la naturaleza, aporta el contraste de una personalidad torturada que devuelve su complejidad en un maltrato tan sutil que no necesita gritar para imponer. Verlo tras un cristal ya asusta, y por eso Carrell merece la nominación al Oscar que ha obtenido.

Pero Foxcatcher, aunque nazca con vocación de culto, no la alcanza solo con desearlo, tiene que ganarse el título, tiene que luchar por él. Ser una cinta minoritaria no le garantiza la brillantez del prestigio que esto indica, y la Academia de Hollywood, tan cuestionable tantas veces a la hora de eliminar películas entre las seleccionadas a la mejor del año, esta vez, con buen criterio, la ha dejado fuera de la lista de finalistas al premio. Entre sus cinco candidaturas sí encontramos a Steve Carrell y al maquillaje que lo transforma, y tales nominaciones dicen mucho de sus votantes. Ya, que ganen o no, es otra película, tal vez mejor que esta.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!