En uno de los febreros más gélidos que se recuerdan, el estreno de la adaptación cinematográfica de la obra de E. L. James, Cincuenta sombras de Grey, se esperaba con gran expectación para hacer subir la temperatura ambiente y corporal. La fecha del estreno, meditada concienzudamente para hacerla coincidir con la fecha del amor, San Valentín y los prolegómenos de esta película explotados hasta la saciedad con polémicas sobre la elección de los actores protagonistas, cuanto relaciones íntimas explícitas o implícitas iban a mostrar, la posibilidad de ser clasificada como una película pornográfica por la Motion Picture Association of America (MPAA), etcétera, etcétera.

Todo estaba preparado para ser el gran estreno del año en las pantallas de medio mundo.

Y llegó el gran día en España, los cines a rebosar, con largas colas llenas de espectadores ansiosos por ver el estreno y, como se esperaba por la tendencia observada en los lectores del libro, muchas más espectadoras que espectadores. Y después de dos horas y cuatro minutos, la decepción. La opinión era unánime, la mayoría de los espectadores lanzaban esta lapidaria frase "La verdad es que me esperaba más".

Este desencanto se traducía en una de las puntuaciones más bajas otorgadas en redes sociales cinéfilas como Filmaffinity (3,7 sobre 10) o IMDb (3,5 también sobre 10).

Pero la decepción es generalizada, debe de tratarse de unas de las pocas cintas de la historia que ha conseguido poner de acuerdo al público y a la crítica especializada. Críticas como la de Peter Travers de Rolling Stone "Sólo apta para masoquistas - del aburrimiento" o la de Claudia Puig para USA Today, "Sentarse a ver el pomposo y tedioso melodrama sadomasoquista que es 'Cincuenta sombras de Grey' puede resultar en sí mismo un forma de tortura" son algunas de las críticas más suaves que podemos encontrar hoy en los medios escritos.

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Pero ¿Cuáles son las claves para este estrepitoso fracaso? En primer lugar, los actores. La verdad, y en defensa del equipo dirigido por Sam Taylor-Johnson, encontrar dos protagonistas que coincidan con la imaginación de los millones de lectores de este best-seller es una labor prácticamente imposible. Sin embargo, el fracaso no es más que una cuestión de química o mejor dicho de no química. La falta de química entre los actores Dakota Johnson y Jamie Dornan ha sido detectada, incluso, por la autora de la novela, E.

L. James. Pero quizás el mayor problema de esta película es su nacionalidad. Por su contenido se podría haber deducido que no era una película apta para la puritana sociedad norteamericana, y no cabe ninguna duda que el éxito de esta adaptación hubiera subido muchos enteros si hubiera sido producida y grabada en algún país europeo. Una crítica que apoya esta hipótesis es la recogida en un artículo del Correo Gallego que titula "¿Por qué lo llaman '50 sombras de Grey' cuando es 'Cenicienta'?".

No creo que los espectadores españoles estuvieramos esperando ver una película pornográfica pero, por lo que te imaginas al leer el libro, esta debería haber estado un poquito más subidita de tono. Bueno, todavía hay esperanzas, se habla de nuevas entregas de esta obra e incluso de remakes, sólo queda esperar que la inspiración decida que estas sean de otras nacionalidades un poco más tolerantes con el sexo.

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