Es una de las grandes damas del Cine, la televisión y el teatro británicos: Vanessa Redgrave, maravilloso referente de una época que parece que el cine ha dejado atrás sin intención de retomar, sigue siendo un valor añadido en todas las películas en las que interviene. Su sola presencia en un reparto ya lo eleva de categoría, pero es aparecer en la pantalla y hasta los intérpretes más consolidados ven su valía aumentada gracias a su inspiración.

El cine no puede olvidar, aunque la Academia sí lo hiciera, dejándola fuera de las nominaciones al Oscar, su parte final en Expiación, una película que en su momento se encumbró más de lo que merecía pero que ella convertía en visionado obligatorio debido a la inmensidad de su trabajo.

Camelot, Isadora, Julia, Abajo el telón, Coriolanus y tantas otras películas en las que resulta un placer verla, escucharla, admirarla...

Que solo tenga una estatuilla de la Academia como mejor actriz secundaria por la tercera película citada en este párrafo da que pensar al respecto de los premios que Hollywood concede o deja de conceder, unas decisiones que, cada vez con más frecuencia, únicamente entienden sus votantes, no quienes asisten atónitos a la revelación de sus resultados. Este año Vanessa vuelve a intervenir en una película que ha conseguido candidaturas al Oscar para dos de sus actores: Steve Carrell como protagonista y Mark Ruffalo como secundario, dejándola a ella, de nuevo, fuera de las finalistas.

Se trata de Foxcatcher, en la que da vida a la madre del multimillonario John du Pont, patrocinador del ganador olímpico en 1984 en Lucha Libre, Mark Schultz, interpretados respectivamente por Carrell y Channing Tatum. Lo malo es que en este caso, en el de esta película, la Academia no tenía grandes motivos para otorgarle una candidatura a la actriz, ya que su presencia en la cinta queda tan reducida, tan desaprovechada, que por muy gratificante que sea verla escasos segundos hubiera sido más conveniente la elección de otra intérprete menos legendaria para que pudiera incrementar su prestigio participando en una cinta tan aplaudida por la crítica en lugar de exponerlo a tan raquítico lucimiento.

Siendo ya un mito no le favorece un personaje nacido directamente en la sombra. En breve, Vanessa cumple 78 años y se encuentra exultante, sigue siendo el diamante con el que todos los directores deberían contar. Pero contar de verdad.

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