Es de esas historias que nos traen a alguien que hizo algo importante en su tiempo y que hoy en día está olvidado. Nos lo propuso la película francesa, "Violette", de Martin Provost, con la escritora Violette Leduc, la cual en su momento fue apoyada por la activista Simone De Beavoir, o "Séraphine" del mismo director, sobre una pintora de estilo naïf disminuida psíquica. Ambas tienen sus libros o cuadros en bibliotecas o museos.

Pues Alan Turing no tuvo esa suerte, ya que en 1940 colaboró en un proyecto militar secreto que consistía en descifrar los códigos secretos de los nazis para atacar Inglaterra mediante una especie de computadora de la época llamada Enigma.

Construyó un gigantesco ordenador gracias a su talento para las matemáticas, pero acabada la guerra tuvo que ver cómo destruían su máquina y se veía obligado a un humillante anonimato, aparte muchas otras cosas.

Benedict Cumberbatch, al cual hemos visto en la serie "Sherlock" o como secundario en "El topo" o "12 años de esclavitud", despliega muchos recursos interpretativos para un complejo personaje, de gran inteligencia pero atormentado por varios secretos: su homosexualidad y el doloroso recuerdo de un amigo muerto, que fue compañero suyo años atrás en la Universidad.

Después de convencer al antipático comandante Denniston (Charles Dance), monta un lugar de operaciones en Bletchley Park con otros especialistas en la materia para intentar descifrar criptogramas nazis. Tienen varios intentos fallidos, pero un día encuentra la manera de descifrarlos gracias a una casualidad.

Vídeos destacados del día

No puede faltar la chica, y la encarna la mediocre Keira Knightley, que sigue con sus tics de modelo metida a actriz, esta vez vestida de mujer joven inglesa de la época, que forma parte del equipo de ayudantes de Turing, demostrando iniciativa y carácter. Frente a Cumberbatch, se ve cómo sus recursos son limitados, además de que el guión le da poca cancha. Está mejor en los papeles de época como Anna Karenina.

También hay pasajes en 1951, que es cuando Turing está a punto de ir a prisión por su homosexualidad, entonces ilegal, y se encuentra a un inspector de policía bondadoso que le quiere ayudar. Así vamos retrocediendo a los tiempos de su trabajo secreto y de cómo era maltratado en la Universidad por sus compañeros. Todo esto llevado con sobriedad, con ese cuidado exquisito en la ambientación del cual los británicos son auténticos maestros.

El ritmo es correcto, funcional, ya que lo importante son los actores y el guión, pese a que la película no se salga de lo convencional en ningún momento, pero lo mejor es el protagonista, que junto con su compatriota Timothy Spall en "Mr. Turner", apunta al Óscar.

Y el gran Alexandre Desplat, en la banda sonora, parece obligado a aportar una música épica sin más, lejos de la maestría que demuestra en "El escritor", "Renoir" o "El Gran Hotel Budapest".

Un artículo reciente en Eldiario, remarcaba los fallos de guión de la película, o mejor dicho, los cambios que tergiversaban la verdadera historia de Turing, incluidos los que presentaban de tal o cual manera a determinados personajes reales, incluido el propio Turing, mal vistos por sus descendientes. Ya se sabe que en el #Cine, los directores los entienden como necesarios para dar más fuerza a la historia. Pero reivindica la dignidad humillada del protagonista, ya que recuerda al final que la Reina Isabel II anuló la condena judicial que sufrió por su homosexualidad, que le hizo suicidarse en 1954.