Se investiga en el Museo Egipcio de El Cairo, los daños que ha sufrido la máscara de oro del faraón Tutankamón, uno de los grandes atractivos del museo de más de tres mil años de antigüedad.

Según las publicaciones de diferentes medios de comunicación, la barba trenzada azul y dorada, de dicha máscara se separó mientras se limpiaba y fue pegada al instante utilizando una resina para metales y piedras, similar al suplerglue, causando algunos daños según uno de los conservadores del museo. Al secarse la resina, quedó un espacio entre la cara y la barba, el cual antes no existía, habiendo una conexión directa.

El mundo egiptólogo se ha alarmado ante tal suceso, en el que la barba postiza de la máscara de Tutankamón, categorizada como uno de los grandes tesoros del Antiguo Egipto, ha sido pegada de "mala manera" por una sustancia poco apropiada. En la cual, se puede apreciar una capa entre la barba y la barbilla de una sustancia amarillenta. Incluso, según comentan algunas fuentes, uno de los trabajadores del museo, en un intento de mejorar el “arreglo” raspó con una espátula la zona, originando algunos rasguños en la pieza.

La máscara tendría que haber sido llevada al laboratorio encargado de conservaciones, pero se decidió solucionar la rotura de manera inmediata para exhibir la pieza y evitar así, que fuese apartada de la exposición, durante su restauración.

El suceso aún sigue siendo investigado por las autoridades egipcias por las contradicciones de los hechos, ya que al parecer el director del Museo, los desmintió asegurando que la pieza se encontraba sana y salva. Así mismo, el comité de investigación asignado, deberá redactar un informe antes de las próximas 48 horas con todos los detalles.

El hallazgo de esta máscara, se lo debemos a Howard Carter en 1922 en el Valle de los Reyes, al abrir el tercer ataúd de Tutankamón, compuesto por oro macizo, y que representa al rey Osíris, coronado con unas figuras de una cobra y un buitre. Bajo la cual hay una leyenda de maldición, ya que en su descubrimiento se observó una irregularidad en una de las mejillas de la máscara, coincidiendo con la muerte de Lord Carnarvon, patrocinador de la excavación, por una herida infectada en el mismo lugar.

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