Cada año los Globos de Oro levantan más expectación que el anterior, se han consolidado como fiesta independiente de los Oscar, por mucho que sea la precedente y una buena guía para saber qué ocurrirá en la que está por llegar. El glamour, la cobertura mediática y el interés del público por los premios se incrementa a cada edición y casi resulta más interesante lo que ocurre en ellos como fenómeno mediático que lo que realmente significa para las películas.

Este año las sorpresas han sido pocas pero muy llamativas, ya que se han dado en apartados importantes que parecían seguros en las quinielas.

Por supuesto, Boyhood venció como mejor película dramática, Richard Linklater ganó como mejor director y Patricia Arquette venció en el apartado de actriz secundaria. Eddie Redmayne lo hizo como actor dramático, poca sombra tenía con un trabajo tan soberbio en La teoría del todo, y Julianne Moore venció a Jennifer Aniston en el de actriz dramática, tal y como habían pronosticado todas las voces.

Amy Adams, se llevó su recompensa como actriz de comedia en Big eyes y J. K. Simmons lo hizo como actor secundario por Whiplash. Hasta aquí todo ha marchado según lo que la temporada ha ido marcando y ninguno se habrá llevado las manos a la cabeza por estos resultados.

Sin embargo, la película de habla no inglesa no fue Ida, sino la rusa Leviatán, algo que puede alegrar a más de uno pero que ha descolocado a casi todos.

Y toca hablar de Birdman: la comedia o musical con más candidaturas de la noche, siete en concreto, no ha logrado hacerse con el Globo de Oro a la mejor película, lo cual no deja de ser llamativo. Y razonable. Ha obtenido dos, el mejor guión, escrito por Alejandro González Iñárritu, también director de la cinta, y el correspondiente al mejor actor de comedia, a un Michael Keaton que lleva el trazado de la función pero que no deslumbra en su cómputo global porque por encima de él siempre están el descomunal Edward Norton y la estupenda Emma Stone, brillando más, volando más alto.

Y si Birdman no ha ganado, ¿cuál lo ha hecho? El gran hotel Budapest, la locura que Wes Anderson borda en cada plano, a cada minuto. No era mejor, era igual de buena, pero premiar la cinta de Iñárritu hubiera sido una rareza más grande que el trabajo que éste realiza. Su gigantesco plano secuencia, su continuo ataque a la industria en forma de ironía salvaje y su compleja narrativa mezclando la realidad más veraz con otros niveles de lectura y surrealismo no son demasiado premiables.

Deberían serlo pero ni Globos de Oro ni posiblemente los Oscar, tomarán semejante decisión. El Gran hotel Budapest tampoco es una película fácil, el mundo de Wes Anderson nunca lo es, y aquí el surrealismo, el humor negro y la cercana estética al cómic la hacen también digna de todos los premios posibles pero no muy apta para lograrlos. Aunque como a todo hay quien gane, si Wes ha rodado un film extraño, Iñárritu lo ha superado con creces, y los Globos tenían que decidirse por alguna, así que se decantaron por la más normal.

Dadas las circunstancias.

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