Hace unas semanas los medios se hacían eco de una noticia, la presentación en sociedad del retrato de la Familia Real realizado por Antonio López, el excelso pintor hiperrealista español. El hecho de hacerse un retrato nos puede parecer algo extraordinario, pero es desde la Edad Media que significaba una seña de identidad que quizás marcaba también las diferencias con otros estratos de la sociedad. Era como querer marcar la presencia de si mismo, la importancia que había desempeñado una persona en un momento concreto de la historia.

Hasta el próximo día 19 de abril podemos disfrutar en el Palacio Real de Madrid, en las salas de exposiciones temporales, de una exposición magnífica titulada El retrato en las colecciones reales. Carmen García Frías es una de las co-comisarias encargada del mundo de los Austrias, junto con Javier Jordans, encargado del mundo de los Borbones.

El retrato de los reyes tenía la máxima importancia en las casas reales, tanto el retrato femenino como el masculino. El retrato pictórico se configura en el siglo XVI para la Casa de Austria que tanta importancia tuvo en toda Europa.

A partir del siglo XVI se va incluyendo en las pinturas no sólo a los reyes, sino también a altos dignatarios de la burguesía. Podemos decir que retratarse era exclusivo de la realeza y la alta clase social.

El simbolismo mágico aparece como elemento en un segundo plano en los retratos, que dan idea de la majestad real, tales como una espada, un bastón de mando, una armadura, un cortinaje de fondo, elementos característicos de ese rey o de ese personaje.

Los retratos femeninos siempre van llenos de simbolismo. El retrato de cuerpo entero es de máxima significación, utilizado para la reina, pero también para las monjas o viudas de la Casa de Austria, y generalmente van con un rosario, unos guantes, etc., simbolismos que nos indican la importancia social del personaje.

Hay una importante colección de retratos en la exposición, "hemos querido reunir los de máxima calidad, y en ella están representados los grandes retratistas de todas las épocas" , afirma Carmen García Frías.

Entre los retratos que podemos ver destacan el de Isabel la Católica de Juan de Flandes, el retrato oficial de Carlos V de Seisenegger, Carlos V con el perro de Tiziano, Felipe II en la jornada de San Quintín de Antonio Moro, los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma de Goya, retratos de Alfonso XIII de Ramón Casas y Joaquín Sorolla, y como culminación de la exposición y que tanta expectación ha provocado, el retrato de la Familia Real de Antonio López.

El género pictórico del retrato siempre ha sido importantísimo y ha estado ligado a la Corona. Se nombraba un pintor de corte y su obligación era retratar a los personajes reales, el retrato era como el culmen.

Antonio Moro, por ejemplo era un pintor "mediocre" en sus pinturas religiosas, pero fue un gran retratista y destaca su originalidad con todos sus personajes. Velázquez fue un genio y todas sus composiciones son únicas, pero muchos artistas eran mejores en retratos que en otros géneros.

En la página Web de Patrimonio Nacional hay una visita virtual espectacular donde se puede deambular por todas sus salas, una forma cibernética de visitar esta magnífica exposición.

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