Es la película que más nominaciones ha conseguido de cara a los próximos Globos de Oro, siete en concreto, y es muy probable que el día 11, cuando tenga lugar la gala de entrega y sepamos los nombres de quienes se harán con ellos, consiga alzarse con el de mejor película de comedia o musical, y tal vez también con el de mejor banda sonora o guión, pero de cara a los Oscar, cuyas nominaciones conoceremos el día 15, ya se hace más complicado pensar que pueda arrasar, y eso que está siendo una de las favoritas de la temporada, pero Alejandro González Iñárritu, responsable de joyas como Amores perros, 21 gramos o Biutiful, ha rozado el rizo de lo insólito y ha creado con Birdman un ejercicio tan llamativo como extraño que bien puede echar para atrás a más de un académico a la hora de votarlo.

Contar cómo un actor, famoso por su papel del superhéroe Birdman, quiere dejar atrás su personaje y convertirse en un intérprete de prestigio estrenando una obra teatral en Broadway, y situar la película en la noche anterior, la de los últimos ensayos, es algo que para cualquier director puede resultar sencillo, pero el punto de vista de Alejandro nunca es el tradicional y aquí demuestra, una vez más, lo alejado que está de las narrativas convencionales.

Entre otras locuras, decide utilizar un plano secuencia para la práctica totalidad de la película, y logra que durante una hora y media que la cámara no realice un solo corte mientras unos personajes van saliendo del cuadro y otros van entrando en él. Algo así ya lo hizo Alfred Hitchcock en La soga, en el año 1948, aprovechando las espaldas de los actores para cambiar de rollo cada 10 minutos. Ahora es más sencillo, gracias a la tecnología digital imperante, pero igualmente hay que planificar todo lo que ocurre en escena, y no es un trabajo fácil.

No es esta la única característica que resulta espectacular de Birdman, hay más elementos desconcertantes a la hora de afrontar una de las películas más esperadas del primer tramo del año, algunos de ellos imposibles de revelar si se pretende disfrutar de la cinta como se debe, pero unos y otros van a conseguir que la Academia de Hollywood, conservadora desde siempre y poco propensa a reconocer logros vanguardistas si existen títulos más asequibles por los que decantarse, seguramente se inclinará por ellos, preferiblemente dramas, que hayan logrado la unanimidad total a lo largo de más meses de exhibición.

Pero con Oscar o sin él, Iñárritu ha dado con Birdman un paso de gigante en el mundo del celuloide. 

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