Se le quiere porque se hace querer y se le admira porque se hace admirar, ese es el resumen de lo que Antonio de la Torre inspira en todos aquellos que recuerdan su trayectoria y el enorme talento que ha desplegado en ella. El último ejemplo que nos ha ofrecido ha sido su breve pero intenso trabajo en La isla mínima como el padre de las dos niñas desaparecidas cuyo caso acuden a investigar los dos policías enviados a las Marismas del Guadalquivir.

Con qué poco, con apenas nada, construye Antonio otro personaje legendario, el de Rodrigo, que se suma al de Bachi de Primos, al de Rafael de Grupo 7, al de Carlos de Caníbal o al de Antonio de Azuloscurocasinegro, el que le dio el único Goya que tiene, como mejor actor revelación.

Todas ellas enormes interpretaciones que han forjado la leyenda tras la cual se encuentra el nombre de uno de los actores que más respeto infunden en el Cine producido en nuestro país.

Hablar de Antonio de la Torre es hacerlo de alguien que rara vez defrauda, que consigue atraer el interés hacia su personaje tanto si este se encuentra en pantalla la mayor parte de la película como si apenas alcanza los diez minutos de intervención. No hay papeles pequeños sino actores que no saben aprovecharlos, y desde que se metiera en la piel del marido de Penélope Cruz en Volver, cuyo asesinato da lugar a toda la trama de la cinta, Antonio se ha convertido en un actor imprescindible.

Saber llenar los silencios como él lo logra en Caníbal, a base de miradas que lo dicen todo, ser capaz de divertir como en Gordos o Dispongo de barcos, el surrealismo llevado a los límites más geniales, ser capaz de imponer tanto miedo como respeto en cada una de sus apariciones en Azuloscurocasinegro u ofrecernos algunas de las mejores frases de Los amantes pasajeros es algo solo al alcance de un malagueño que no es el más universal, como se conoce a Antonio Banderas, pero que debería serlo a igualdad de nivel.

Este último es Goya de Honor en la próxima edición de los Premios, en los que De la Torre compite con su Rodrigo como mejor actor de reparto. No lo tiene fácil pero ese ser dolido y asustado al que da vida en la cinta de Alberto Rodríguez puede darle el premio que el año pasado perdió frente al Javier Cámara de Vivir es fácil con los ojos cerrados. Merecido lo tendría, y sería una oportunidad para que dos Antonios malagueños se llevasen a casa el mismo año a la cada día más codiciada estatuilla.

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