La isla mínima, 17 nominaciones, El niño, 16, Relatos salvajes, 9 y Magical girl con 7 son algunas de las cifras que se desprenden de sumar las candidaturas que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España ha dado a conocer de cara a la gala número 29 de los Goya, que se celebrará el próximo 7 de febrero en el Centro de Congresos Príncipe Felipe del Hotel Auditorium de Madrid.

Como siempre, muchos alabarán las películas que han logrado ser finalistas y otros echarán de menos títulos que no han conseguido entrar o que han tenido pocas menciones para lo que merecían. Lógicamente el hecho de que 10.000 Km opte a tres premios o que Loreak salte de encontrarse entre las cinco mejores películas a que solo la volvamos a ver en el apartado de mejor música original es para preguntarse muchas cosas.

Pero nominaciones aparte, lo que llama la atención de este año es el interés y el cariño que se está manifestando hacia estos premios, siempre vapuleados por motivos que no son cinematográficos, y es que en 2014 el público volvió a las salas de Cine a ver películas españolas, tanto comerciales como independientes, y todas, o casi todas, obtuvieron una buena acogida, por lo que de cara a la próxima gala de los Goya vamos a encontrar un ambiente bastante distinto al de otros años.

Va a ser esta una edición en la que los espectadores verán la gala no solo para criticarla o reírse de ella, cosa que harán si las cosas no salen bien, sino que habrá una verdadera expectación por las películas, los actores y los técnicos que ganen a los coloquialmente llamados Cabezones.

Muchos dirán que por fin el cine español se ha acercado al público, pero también el público se ha acercado a él, ya que las películas pequeñas que hoy se admiran, otros años también se han rodado, caso de Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen, La Por (El miedo), de Jordi Cadena, Los niños salvajes, de Patricia Ferreira o Héroes, de Pau Freixas, las cuales no solo no contaron con destacadas nominaciones a los Goya, sino que prácticamente ni se vieron o directamente se desconoce su existencia.

Y no son inferiores a Magical girl o Loreak, la única diferencia entre unas y otras es que el público las ha apoyado, y eso siempre es positivo, tanto para la película como para el espectador, que además la disfruta.

Por lo tanto, hay que felicitar a los responsables de que haya vuelto la confianza en el cine producido en nuestro país, de que las excusas para no verlas porque son malas, sin comprobarlo, o porque están subvencionadas, hayan quedado bastante aparcadas y que el público haya tenido ganas de entrar a una película española.

Que el boca oreja haya funcionado y que tanto los premios como las buenas críticas se hayan visto reflejados en taquillas correspondientes y en la avidez de que los espectadores han hecho gala a la hora de desear que tal o cual cinta se estrenase cuanto antes también es para felicitar a sus creadores. Un momento dulce para el cine patrio que, probablemente, se verá recompensado con una gala muy seguida y esperemos que apreciada.

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