"He empezado a investigar lo que puede hacer por mi hija (Dead or Alive). Hablando claro, mi hija ha sido totalmente arruinada” así empezaba la respuesta que Tomonobu Itagaki daba a un fan de la saga de Videojuegos cuando le recriminaba la paupérrima calidad que tiene la última entrega de “Dead or Alive”, en la que Itagaki ya no participa.

"No puedo ni debería mirar para otro lado ante un hecho como ese. Muchos fans de Dead or Alive están llorando y haré algo por Dead or Alive después de que termine el desarrollo de Devil's Third". Con estas durísimas declaraciones el creador del juego original de lucha ha querido mostrar su absoluto desacuerdo con la deriva en la que ha caído el juego, que cada día se parece un poco menos a la versión original en la que, senos bamboleantes aparte, podíamos disfrutar de una enorme jugabilidad y de una gran calidad en el apartado gráfico.

Más allá de cualquier banalización respecto al aspecto de sus luchadoras y a sus atributos, la realidad es que “Dead or Alive” es la saga de videojuegos que es hoy gracias en gran medida a su sistema de combate, que resultaba en su momento muy atractivo al usuario y en ocasiones más flexible que los utilizados por sus competidores más directos. Esto llevó a que durante años fuera un juego que muchos minusvaloraban pero que enamoró a los jugadores porque, pechos aparte, era muy divertido de jugar. De hecho era uno de los más divertidos para los no puristas, podía ser que no fuera tan exigente como otros del mercado y que a veces la mejor solución era aporrear botones hasta que aparecía la palabra “K.O.” sobreimpresionada en la pantalla, pero te podías reír mucho en una tarde con los amigos viendo como la pantalla estallaba en una tormenta de golpes y volteretas de la que solo uno podía quedar en pie.

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Ahora todo eso se ha perdido. De hecho una de las últimas novedades del nuevo juego está relacionada con los pechos de las luchadoras, que tienen una mejora gráfica. No es extraño que muchos protesten por la nueva entrega y que Tomonobu Itagaki solo pueda avergonzarse de lo que han hecho con su hija.