Hacer uso del Photoshop en los modelos, aunque especialmente en las modelos, de los anuncios publicitarios es una de las prácticas más extendidas en lo que al marketing se refiere. Según parece, las marcas que producen y distribuyen los productos que cada día adquirimos en todas las tiendas del planeta parecen pensar que la mejor forma de que adquiramos sus productos es mentirnos, ya no solo con los argumentos, sino también con la imagen de los prescriptores.

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La inmensa mayoría de las personas que hacen la labor de servir de rostro, y de cuerpo, a las marcas más vendidas suelen no mostrar su verdadero rostro y su verdadero cuerpo, sino una imagen enormemente distorsionada de estos. Y no solo se trata de una ropa favorecedora o un maquillaje adecuado, sino que incluso trucan digitalmente la imagen que la cámara capta para que el engaño sea aún mayor.

Esto tiene sus puntos positivos y sus negativos, pero la realidad es que hay algo que nadie puede negar, a nadie le gusta que le engañen y menos aún en la compra de un regalo.

El infinito poder del photoshop.
El infinito poder del photoshop.

Esto ha ido volviendo a los posibles compradores inmunes a este tipo de mensajes, que en muchos casos empiezan a resultar contraproducentes. Estamos demasiado acostumbrados a que todas las modelos sean perfectas, sin una sola arruga, mancha o poro en ninguno de los átomos de su cuerpo, lo cual empezamos ya a mirar con cierto cinismo e incluso evitar este tipo de marcas, cuando existe en el mercado un ejemplo de producto que se vende con un ser humano como prescriptor.

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A esta política se adhirió a principios de año American Eagle, una marca de lencería estadounidense que miró a sus modelos y pensó que eran lo suficientemente perfectas como para vender su producto sin disfrazarlas de píxel. En principio una locura, mostrar a sus modelos con peor aspecto que la competencia no parece la mejor idea en un producto que vende la perfección al mínimo coste de la tela. Sin embargo no solo no han caído las ventas sino que han subido y mucho.

Según parece los compradores de hoy quieren comprar lencería que vean sobre mujeres y no sobre píxeles con una forma que recuerda vagamente a una mujer.

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