Se ha convertido en una estrella por méritos propios y en tan solo cuatro años, que son los que separan la película que estrena La señorita Julia, dirigida por Liv Ullman, de La deuda, donde tuvimos la oportunidad de conocerla. En ella nos dejaba sin aliento como la joven agente del Mossad, a la que de mayor interpreta Helen Mirren, que se atreve a pasar casi la totalidad de su tiempo en la pantalla hablando en el alemán, que corresponde a quien tiene como misión apresar a un famoso criminal nazi en el Berlín Este de 1965.

Toda una proeza que nos hacía preguntarnos quién era aquella chica a la que apenas se había visto fuera de la pequeña pantalla. 

Cuatro años después, no sólo somos capaces de responder con soltura a esa pregunta, sino que lo hacemos con la alegría de saber que en la respuesta va implícito un enorme grado de admiración. Hablar de Jessica Chastain es recordar que el oficio de actor no consiste únicamente en ponerse delante de una cámara y decir un texto con más o menos convicción, sino en aportarle al personaje los matices que logran que no veamos al intérprete sino al yo en el que se introduce.

Jessica ya ha demostrado que es una maestra en eso, y cuando pensamos en esa madre destrozada de El árbol de la vida o en la esposa desconfiada de un marido, que a su juicio está sacando de quicio las consecuencias del tornado que se avecina en Take shelter, no vemos a Jessica, pero la aplaudimos porque sabemos que está detrás de todas las emociones que nos transmite en su interpretación.

Con La noche más oscura llegó a un grado de excelencia difícil de superar, su Maya fue uno de esos trabajos que, con Oscar o sin él, marcan una carrera.

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Televisión

En dos horas y media de metraje mostraba un arco emocional de nivel superlativo, desde la joven inexperta que llega a la CIA y contempla con horror las torturas que le realiza su jefe a los prisioneros, hasta la noche en que, junto a los Navy SEAL, da caza y captura a Bin Laden. Esa película consagró su talento, que recordaba al de la joven Meryl Streep, a la hora de mostrar una intensidad sobrecogedora y de llevar sus papeles más allá de lo que exigen, incluyendo acentos o idiomas que obligan a hacer el esfuerzo que se le supone a todo actor, pero al que tan poco acostumbrados estamos los espectadores a disfrutarlo de verdad.

Todo lo que ha venido después, como Interstellar, o La desaparición de Eleanor Rigby, ya ha sido para reafirmar la condición de actriz extraordinaria en la que Jessica se mueve. Sus registros son infinitos y su poder en la pantalla adquiere una fuerza que resulta sencillo reconocer. Y ahora tenemos la oportunidad de volver a verla en la nueva versión de La señorita Julia, de August Strindberg, tras las ya existentes de Alf Sjöberg de 1951 y la reciente de Mike Figgis de 1999. Es el turno de Liv Ullman en la dirección y de Jessica Chastain en la cabeza del cartel, para regocijo de todos sus seguidores.

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