La estética del cine negro es una de las más conocidas de la industria del cine. Nos devuelve a tiempos en los que las películas se hacían de otro modo en los que ir al cine era un evento muy destacable en la semana, en muchos casos la salida de pareja de muchos hogares, pues en muchos casos se trataba de un entretenimiento barato en el que los padres podían disfrutar de una buena película mientras sus hijos estaban en casa seguros.

Era una época sin preocupaciones en las que mucho se había ganado en la guerra, al menos en Estados Unidos, y todos creían que era casi imposible que el fantasma de la guerra nuclear acabara por transformarse en una realidad.

Del mismo modo la ciencia ficción de los años 50 nos lleva a un tiempo en el que no existía la preocupación actual y donde el entretenimiento era accesible a todos, pues se creaba con una enorme calidad y con pocos medios, para que la mayor cantidad de público pudiera disfrutarla.

No hacía falta mucho para hacer algo muy grande, pues las historias eran grandes por lo que contaban y no por los efectos especiales que pudieran poner sobre la pantalla. Eran tiempos en los que un aventurero espacial podía pasear por una nave en traje y corbata o en el que un robot podía hacer de detective bajo las enormes cúpulas de una ciudad masificada.

Esta misma mezcla de calidad e inocencia que hemos perdido en los videojuegos se transmite cuando se juega a los clásicos, en los que un circulo amarillo que abre y cierra uno de sus segmentos se convierte en un héroe que guiar por un laberinto durante cientos de niveles o en los que un fontanero achaparrado y con bigote es capaz de volar y lanzar bolas de fuego para salvar a una princesa de cuento.

Es por ello que encajan tan bien esa época del cine y de los videojuegos.

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Arte

No es de extrañar que tarde o temprano a alguien se le haya ocurrido versionar los Videojuegos al estilo de aquella época en unos carteles que son al mismo tiempo antiguos y modernos, pues parece muy novedoso sugerir que la diversión no tiene por qué vestirse de luces y brillos para ser diversión y tal vez sin ellos lo sea un poco más.

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